16 marzo 2015

DE LA CIUDAD COMPACTA A LA CIUDAD DIFUSA Julio Rodríguez López

  La prolongada crisis económica del periodo 2008-2013, con su secuela de recesión, de destrucción de empleos, de  reducción de las prestaciones sociales y de envilecimiento de las condiciones laborales no ha dejado de influir a las ciudades. Cuanto más prolongada es una crisis mayor es su incidencia sobre el tejido urbano..

  ”La ciudad, imaginada desde siempre como un espacio de integración social y cultural, se ha convertido, en las últimas décadas del siglo XX, en una potente máquina de suspensión de derechos de los individuos y de la colectividad. Esta política… ha requerido una ideología y una retórica: la ideología del mercado y la retórica de la seguridad”  (Bernardo Secchi, La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres”, Los Libros de la Catarata, 2015).

  Desde tiempos remotos el miedo a los pobres  y el deseo de distinción de los poderosos llevó a establecer barreras, más o menos visibles, dentro de las ciudades. De América llegaron a Europa las “gated communities”, las ciudades cerradas. Fuera de tales enclaves están los barrios marginados,  que acumulan problemas allí donde el desempleo es masivo y el urbanismo inhumano.

  Manuel Valls, primer ministro de Francia, ha hablado recientemente  de la relegación en la periferia urbana y en los guetos de la  miseria social, a la que se suman las discriminaciones cotidianas adicionales. La fractura urbana consolida  compartimentos estancos, sin las necesarias  “zonas grises” que aseguran el carácter mixto de la ciudad como espacio de convivencia y de encuentro con el otro (Rafael Jorba, “La ciudad cercana”, La Vanguardia, 7.3.2015).

   La “ciudad difusa” es una creación de la segunda mitad del siglo veinte y responde plenamente al modelo económico neoliberal. El “nuevo urbanismo”, el de referencia, nació en Estados Unidos en los años ochenta, cargado de criterios populistas válidos para las clases medias altas. Tales ciudades aisladas cumplen los requisitos de seguridad y de calidad medioambiental. El creciente desmantelamiento del estado bienestar  conduce  a  una ciudad dispersa, esto es,  a una ciudad individualizada.

  El urbanismo europeo se ha visto invadido  por  las aportaciones procedentes de Estados Unidos y América Latina, con su secuela de dispersión y de individualismo. En la ciudad difusa, esta se disuelve  en una zona urbanizada, sin formas y sin límites.  Los agentes involucrados, como promotores inmobiliarios, grupos profesionales y bancos, han asumido y desarrollado tales ideas.  Pero sobre todo la asumen los políticos locales que, junto con los promotores, hacen la nueva ciudad, con escasa o negativa  aportación cualitativa de las administraciones publicas  de ámbito superior en el caso de España.

 Un ejemplo destaca al noroeste de  la periferia de Madrid. Entre las cuatro ciudades de Pozuelo, Majadahonda, Las Rozas y Boadilla, que suman 300.000 habitantes,  “se ha implantado un  modelo anglosajón por impulso de los promotores. Ellos han diseñado estas ciudades. A su alrededor han crecido centros comerciales que no favorecen la vida colectiva. El urbanismo ha sido la clave. El que va a vivir ahí tiene una infraestructura privada y vive del coche. La vida asociativa es escasa, pero no falta un coro rociero. En los límites de Pozuelo está la entrada de La Finca, un lugar exclusivo para 70 vecinos. Dentro hay solo un camino adoquinado  bordeado de plantas y árboles. Es un homenaje al individualismo” (Luis Gómez, El paraíso terrenal del PP, El  País, 8.3.2015).

  A este urbanismo hay que oponer y enfrentar  un modelo que recupere la ciudad como lugar de encuentro. La nueva ciudad difusa no refleja precisamente valores democráticos. Se construye de manera constante, al margen de las previsiones demográficas y de la evolución de los precios de la vivienda. Los políticos locales  encuentran el ideal en la promoción y en la urbanización indefinida. Las empresas  de cierta dimensión, sobre todo las industriales,  deben de irse lejos y no perturbar el continuo ambiente urbano.

La política de aumento de los equipamientos públicos, de recuperación de los barrios deprimidos,  de desarrollo de parques de viviendas de alquiler social, puede suponer una alternativa y  un impulso a la economía, vía  recuperación de la demanda. Dicha inversión pública   no solo favorece  el crecimiento, sino que puede contribuir a redemocratizar la ciudad. En 1937 el presidente Roosevelt  consideró las ciudades como un gran recurso  para la recuperación de la economía, llegando a propugnar un gran plan de equipamientos públicos.

Por otra parte, no deberían perderse las economías de la distribución que existen en España. ”La competencia por el espacio y la inversión condena a la expulsión de los pequeños negocios. La economía de distribución  se pierde cuando la gran banca, que emplea su liquidez para especular,  captura el 70% del consumo” (Sassia Sasken, Entrevista, Alternativas Económicas, nº 23, Marzo 2015).  La empresa no debe de aislarse de la ciudad,


Una versión de este articulo se publicó en la revista semanal "El Siglo de Europa" de 16 de marzo de 2015




[1] JRL es miembro de Economistas frente a la crisis y del Club de Debates Urbanos

01 marzo 2015

DE LA METAFISICA A LA COMUNIDAD DE MADRID Julio Rodríguez López[1]

  De forma algo abrupta, el PSOE  ha cambiado de candidato para  las próximas elecciones autonómicas, a celebrar en mayo de 2015. De un profesor de economía  con fuerte control del aparato de partido en Madrid pero con escaso “tirón” electoral, se ha pasado a presentar a un catedrático de Metafísica, el ex ministro Ángel Gabilondo. El gobierno de la Comunidad de Madrid  presenta notables complejidades, a la vista de las características de la autonomía madrileña. La llegada al poder autonómico de Esperanza Aguirre en 2003 supuso poner en marcha  una política extremadamente  neoliberal, que ha continuado el sucesor. La simultaneidad de tal política con  la crisis económica de 2008-2013 ha sido negativa para numerosos hogares madrileños, que han sufrido fuertes recortes en las prestaciones sociales básicas.

 Sobre una superficie de solo 8.028 kilómetros cuadrados, en la Comunidad de Madrid  viven 6,4 millones de habitantes en 182 municipios. Dicha población supone  el 13,8% de España. Sobre la misma superficie se obtiene un Producto Interior Bruto (PIB) equivalente al  17,9% del total nacional. La densidad de población de dicha comunidad está próxima a los 800 habitantes por kilómetro cuadrado, casi nueve veces más que la media de España (90 habitantes/km2),  muy por encima de los niveles de cada una  de las restantes  autonomías.  El PIB por habitante de la Comunidad de Madrid supera a la media nacional  en casi un 30%, solo por debajo del País Vasco (34,5%).

 La de Madrid es una autonomía  más desarrollada que la media de España, con una productividad relativa de su economía un 17,2% superior a la media nacional, superpoblada a todas luces, con unos precios medios de las viviendas casi un 40% por encima del precio medio de España. A primera vista se advierte que los problemas territoriales  deben de ser importantes, como lo confirma el que la necesidad de racionalizar el urbanismo de las grandes ciudades de esta Comunidad  fue una de las razones esgrimidas en 1982 para justificar la creación de la autonomía madrileña.

  Sin embargo, desde que en la Comunidad de Madrid gobierna el Partido Popular y, sobre todo, desde que Esperanza Aguirre accedió a dicho gobierno en 2003, no existe estrategia territorial alguna para el conjunto de dicha autonomía. La señora Aguirre avisó con claridad en dicho año  de la política que iba  a implantar.

  El gobierno Aguirre trató de modificar la ley de suelo  vigente desde la etapa de gobierno de Alberto Ruiz Gallardón. Ante  la oposición social al nuevo proyecto de ley, del que se advertía  que reducía las viviendas de protección oficial a construir, Aguirre optó por una vía alternativa. Esta consistió  en modificar de forma gradual dicha ley, introduciendo cambios   puntuales mediante decretos   urgentes y también a través de  las leyes de acompañamiento de los presupuestos  anuales de la Comunidad. Dichos  cambios redujeron las cesiones de suelo a realizar a los municipios por parte de los promotores. Se reforzaron así  los derechos de la propiedad del suelo frente al interés general. 

  Otra hazaña urbanística del actual gobierno de la Comunidad de Madrid es la Ley de Viviendas Rurales Sostenibles, que autoriza la construcción de viviendas de hasta 600 metros cuadrados en suelo rustico con la única limitación de que la finca tenga  una superficie mínima de 6 hectáreas. El propietario esta exento de realizar  cesiones al ayuntamiento y se puede autorizar con una simple licencia municipal. De este modo se degradarán  entornos naturales de elevado valor paisajistico.

 En materia impositiva, en una declaración de la entonces presidenta,  al inicio de su primer mandato, Aguirre   señaló que  los impuestos debían de reducirse en la Comunidad de Madrid “por principios y por convicción” (El País, 28.1.2003). En dicha línea,  el gobierno de Madrid redujo la presión fiscal, sobre todo la relativa al impuesto sobre la renta de las personas físicas y sobre el patrimonio, que no se paga de hecho en esta autonomía al fijar la autonomía  un tipo impositivo cero. 

El Partido Popular  buscó hacer de Madrid una especie de “oasis fiscal” en el centro de España. Esta política coincidió con los recortes impuestos por la crisis, a lo que se unió un claro intento de los “populares” de  privatizar la sanidad pública. Este último intento no ha llegado a desarrollarse del todo pues  encontró una fuerte oposición social y solo se detuvo ante  sentencias judiciales. 

Cambiar el injusto sistema fiscal del ejecutivo autonómico, frenar del todo la privatización de la sanidad pública, racionalizar el urbanismo madrileño, asediado por las grandes operaciones que los populares fomentan en Madrid (Chamartín, Campamento, edificio España, operación Manzanares, Cuarteles), corregir las consecuencias de los recortes sociales, erradicar las ventas de viviendas sociales públicas  a fondos de inversión, son algunos de  los principales retos de un gobierno de izquierdas  de la Comunidad de Madrid en la próxima legislatura.

 En el libro “Filosofía Económica” (Editorial Gredos, 1966), en el capítulo primero,  “Metafísica, moral y ciencia”, Joan Robinson señala que “lo característico de una proposición metafísica es que no puede justificarse, pero las expresiones metafísicas no están vacías de contenido, pues proporcionan asimismo un filón del que se pueden extraer hipótesis. No pertenecen al terreno de la ciencia y,  sin embargo,  le son necesarias”.

 Del dominio de la Metafísica por parte del nuevo candidato socialista para la Comunidad de Madrid cabe esperar aportaciones  para superar el mediocre y antisocial  perfil que la política autonómica ha presentado en los últimos años en esta autonomía. 

Una versión de este artículo se publicó en la revista semanal “El Siglo” de 2 de marzo de 2015






[1] JRL es miembro de Economistas frente a la Crisis. Fue vocal del Consejo Económico y Social de la Comunidad  de Madrid  en 2006-12, en representación del sindicato UGT

15 febrero 2015

2015. LA COMISION MEJORA LA PREVISION PARA LA ECONOMÍA ESPAÑOLA Julio Rodríguez López

  La publicación “Invierno 2015” de  la Comisión Europea ha elevado al 2,3% la previsión de crecimiento de la economía española en 2015 (1,4% en 2014). Según dicha previsión la demanda interna será el motor de la mayor expansión, que estará acompañada de una aceleración del aumento del empleo. El crecimiento de la economía española en 2015 superará  al previsto para la Eurozona (1,3%) y estará por debajo del estimado para Estados Unidos (3,5%). 

  Según los datos de la Contabilidad Nacional Trimestral  del INE, el ritmo de crecimiento de la economía española se aceleró hasta el 0,7% en el cuarto trimestre de 2014.  Dicho periodo fue el sexto trimestre consecutivo de variación positiva de la actividad productiva de dicha economía, que tocó fondo en el segundo trimestre de 2013.

  A pesar del avance registrado por la economía española en 2014, el nivel de actividad, medido por el PIB, todavía era inferior en el último trimestre de 2014  en un 5,8% al alcanzado en el segundo trimestre de 2008, que fue el periodo a partir del cual la actividad descendió de forma casi  continuada  hasta cinco años después.

 El empleo, medido por los ocupados de la EPA,  a pesar de haber aumentado de forma significativa en 2014, estaba situado a fines de  ese año un 14,9% por debajo del existente en el trimestre  citado de 2008. Esto suponía que en España,  al terminar el pasado año,  había 3,1 millones de puestos de trabajo menos que en el periodo  a partir del cual  se inició la gran destrucción de puestos de trabajo. Dicha disminución del empleo fue el rasgo más negativo de la crisis y de la “gran recesión” que experimentó la economía española entre 2008 y 2013.

  Como se indicó, la aceleración del crecimiento de la demanda interna de la economía española va ser el principal motor de la expansión, según la publicación citada de la Comisión Europea. El consumo privado (2,7%) y la inversión productiva (7,9%) serán los componentes de dicha demanda que más  crecerán en 2015. La construcción registrará una variación positiva a nivel anual por primera vez  en ocho años.  La construcción de nuevas viviendas comenzó a crecer a partir del tercer trimestre de 2014, pero a partir de unos niveles  a todas luces reducidos. Todavía pesa el amplio excedente de viviendas nuevas  sin vender y, además,  los empleos de nueva creación   tienen difícil el acceso a la vivienda, sea en propiedad como en alquiler.

  La devaluación del euro frente al dólar y el acusado descenso de los precios del petróleo son factores que van a contribuir al mayor crecimiento de la economía española en 2015. También ayudará  la persistencia del crecimiento en la entrada de turistas, que  mantendrá entonada la actividad en este componente de la actividad productiva. La Comisión ha previsto un aumento de las importaciones (6,9%) superior al de las exportaciones (5,4%), pero  el menor precio previsto del petróleo permitirá que la balanza de pagos por cuenta corriente registre un moderado superávit en 2015.

 En 2014 el empleo creció en un 2,5%, correspondiente a 433.900 empleos. Dicho aumento superó al del PIB en el mismo periodo (2%). Dicha disparidad  se entiende si se tiene en cuenta que el número total semanal de horas trabajadas aumentó en un 1,3% en dicho ejercicio, por debajo del crecimiento del número de ocupados. La baja calidad de los nuevos empleos, entre los que ha crecido el peso de los de a tiempo parcial, hace que haya descendido la jornada media de trabajo, con lo que la variación efectiva del empleo sea inferior a la tasa  resultante  al comparar el número de personas ocupadas.

Continuará en 2015 el descenso del déficit de las administraciones públicas (-4,5% del PIB frente al -5,6% de 2014). Pero la deuda pública total seguirá creciendo en este ejercicio, como lo indica el que la Comisión haya previsto que la relación deuda pública/PIB de España pase desde el 98,3% en 2014 hasta el 101,5% en 2015. 

 Los riesgos geopolíticos del conjunto de la Eurozona para 2015 son importantes. Destacan, entre los mismos, la situación de Ucrania y  los problemas  que a dicha área  plantea  la propuesta del nuevo gobierno griego de renegociar las condiciones del rescate que en su día impuso a Grecia la “troika”. En todo caso,  volver a crecer es importante por el impacto sobre el empleo, pero no deja de ser el retorno a una situación menos anómala que la que se ha vivido  durante los seis largos años de crisis. El cambio de ciclo de la economía mundial ha resultado decisivo para llegar a este cambio en la economía española.

  Dese el gobierno se exalta el paso a una situación de crecimiento.  Sobre tal  mitificación del crecimiento escribió en su día  Toni Judt (“Pensar el siglo XX”, Editorial Taurus, 2012) que “las altas tasas de crecimiento económico  no siempre son señal de prosperidad, estabilidad o modernidad. Durante mucho tiempo se consideraron rasgos transicionales. La razón por  la que los economistas se dejaron obnubilar por las altas  tasas de crecimiento como medida de éxito y de estabilidad se debió a la anterior catástrofe económica”.  Algo así le debe de estar pasando en 2015 en España al gobierno  y a sus economistas.

Una versión de este artículo se publicó en la revista semanal El Siglo de Europa de 16 de febrero de 2015



[1] JRL es miembro de ”Economistas frente a la Crisis

02 febrero 2015

LA EUROZONA SE MUEVE.EL ACUERDO DEL BCE Y LA VICTORIA DE LA IZQUIERDA EN GRECIA Julio Rodríguez López


 Las dos últimas semanas de enero de 2015 han sido trascendentes para la Eurozona, la deprimida Unión Monetaria que incluye a 19 de los estados miembros de la Unión Europea. La adopción de una medida de fuerte aportación de liquidez por parte del Banco Central Europeo (BCE) y los resultados de las elecciones generales en Grecia han supuesto dos importantes sacudidas en la evolución de dicha área económica.

  La dinámica de algunos indicadores económicos conminaba a que actuase de una vez el  BCE. Primero fue la tasa interanual de inflación de la Eurozona  del –0,2% en diciembre de 2014. El 20 de enero se publicaron las previsiones actualizadas del Fondo Monetario Internacional. Estas  señalaron que en 2015 la Eurozona va a  crecer solo un 1,2%  (0,8% en 2014), en claro contraste con el 3,6% previsto para  Estados Unidos.

  El consejo del BCE de 22 de enero  aprobó por mayoría  la adopción de una importante inyección de liquidez (“quantitative easing”) a la economía de la Eurozona desde dicha entidad. La cuantía de tal inyección  será de 1,1 billones de euros,  a un ritmo de 60.000 millones mensuales entre marzo de 2015 y septiembre de 2016. Estos se repartirán entre 45.000 millones de deuda pública,  de plazos entre 2 y 30 años. Los 15.000 restantes  se destinarán a comprar bonos de entidades financieras y obligaciones respaldadas por activos reales (ABS).

 En la presentación de la operación citada el BCE ha ligado la inyección de liquidez con la evolución de la tasa de inflación en la Eurozona. El BCE  pretende que esta última  se aproxime al 2% anual, sin fijar un objetivo cuantitativo  específico, sino una senda de inflación. Dicha medida podrá interrumpirse, a juicio del BCE, si  el ritmo de  inflación se aproxima  a la citada tasa anual del 2%, incluso si dicha evolución tuviese lugar antes de la fecha prevista para  finalizar la aportación de liquidez.

 El programa permitirá comprar menos del 10% del stock de deuda europea “viva”. El 92% de las compras permanecerá en los balances nacionales (W. Munchau,  “Draghi’ QE is an imperfect compromise for the eurozone”, FT, 25.1.2015), esto es, en los respectivos bancos centrales integrantes del BCE. Las compras de deuda se harán en los mercados secundarios. El balance del BCE crecerá casi un 40% tras la operación, que  podría prolongarse  de persistir una tasa de inflación lejana al objetivo citado.

 Otros bancos centrales han realizado, antes que el BCE, importantes aportaciones de liquidez, caso de la Reserva Federal de Estados Unidos, del Banco de Inglaterra y, sobre todo, del Banco de Japón. Este último ha llegado a  cuadruplicar  la dimensión de su balance como consecuencia de tales actuaciones.  De los resultados obtenidos se pueden sacar  algunas conclusiones de interés: es una medicina con efectos positivos y también con “daños colaterales”.

 La actuación del BCE aquí analizada sucede a otros cambios  acaecidos en la evolución de la Eurozona. Tras 2008 cambiaron los bancos europeos y la regulación bancaria, Además, han  descendido los tipos de interés de la deuda pública y en algunos países se han adoptado  importantes reformas de las denominadas  “estructurales”, entre los que destaca España. A esto se añaden los descensos sufridos desde fines de 2014 en los precios del petróleo y la importante devaluación del euro, favorecida por el anuncio de la medida finalmente adoptada por el BCE. 

Con la inyección de liquidez se pretende reactivar la demanda, tanto interna como externa,  en la Eurozona. Se persigue sobre todo favorecer la recuperación de la inversión productiva,  vía bajos tipos de interés y mayor disponibilidad crediticia. También se aspira a atacar la deflación  y fortalecer el precio de los activos. El BCE no tiene en este caso un margen ilimitado de maniobra como lo tenía Draghi en el verano de 2012. Los objetivos macroeconómicos perseguidos no son fáciles de lograr y la actuación puesta en marcha está lejos de ser una medida perfecta (Mohamed El Erian, “The ECB can only buy time for Europe´politicians”, FT, 22.1.2015).

 La inyección de liquidez anunciada se va  a llevar a cabo con todas las reticencias imaginables por parte de Alemania. La canciller Merkel no ha ocultado su antipatía  por la implantación de una medida de claro estímulo de la demanda, lejos del habitual arsenal alemán de instrumentos de política económica. No sería de extrañar que Alemania exigiese  ahora una política fiscal más restrictiva para contrarrestar el empuje de la actuación del BCE.

 La mayor liquidez bancaria puede ayudar a la demanda pero también puede producir  los daños colaterales significativos antes citados. Ejemplos, se harán crónicos los bajos tipos de interés,  y habrá nuevos aumentos en los precios de los activos, en especial en los cotizados en bolsa y en los  inmobiliarios. En este contexto no es de extrañar que el BBVA saque del armario la ya vieja conocida “Operación Chamartín”, en la que el objetivo es construir y vender en una zona céntrica de  Madrid 17.000 viviendas, objetivo  camuflado  tras  las  supuestas mejorías de la  Estación de Chamartín y de otras  infraestructuras de esa zona de Madrid.

  Pocos días después del anuncio de la operación aquí analizada del BCE sucedió el triunfo electoral en Grecia  de Syriza. Se trata de un partido de izquierda radical, con cierta experiencia de gobiernos locales, que hizo bandera en la campaña electoral  de la renegociación de la deuda de dicho país, al que  pretende mantener  en el euro. Al nuevo gobierno, que es una coalición del partido ganador con otro de  derecha crítico con las medidas hasta hora impuestas a Grecia,  se le ha recibido con profunda antipatía en la Unión Europea y FMI.

 El presidente del Eurogrupo, el ministro socialista holandés de Finanzas, Dijsselbloen,  ha advertido contra una petición de cancelación de parte de la deuda y ha descartado la celebración de una conferencia internacional sobre la  cuestión de la deuda.  Francia e Italia han asumido una posición más posibilista, proclive  a una solución pragmática, como lo supone el aceptar que la ”troika” (BCE, Comisión UE y FMI) no sea el interlocutor de Grecia, que no puede prescindir de las aportaciones corrientes de liquidez del BCE. El mes de febrero se inicia con la cuestión griega de nuevo sobre la mesa. Las próximas semanas serán decisivas no solo para Grecia, sino también para la Eurozona, que va a ser puesta a prueba una vez más.

Una versión de este artículo se publicó en la revista semanal “El Siglo de Europa” de 2 de febrero de 2015





[1] JRL es miembro de Economistas frente a la Crisis y Vocal del C.S. de Estadística

18 enero 2015

LA REPENTINA POTENCIA DEL MERCADO DE VIVIENDA DE LA COMUNIDAD DE MADRID Julio Rodríguez López


 El cambio en ciernes del mercado de vivienda es uno de los aspectos más destacados de la realidad económica actual de España. Al término de 2014, precios de la vivienda  y los alquileres parecían estabilizarse o subir ligeramente, las ventas subían a buen ritmo sobre los bajos niveles del año anterior, se iniciaban más viviendas, y el crédito a comprador parecía empezar a fluir. La política de vivienda estuvo casi desaparecida en 2013-2014 y los nuevos empleos, hijos de la reforma laboral,  solo pueden aspirar a alquilar  o a compartir viviendas con otros hogares.

En la Comunidad de Madrid el mercado de vivienda parece estar dando indicios claros de una mayor vitalidad que en el resto de España, donde la heterogeneidad es la nota dominante. La autonomía madrileña alberga a una población  de casi seis millones y medio de personas, el 13,7% del total de España, con una superficie  de solo el 1,6% de España, inferior a la provincia de Ávila.

  La Contabilidad Regional de España señala que en 2013 Madrid  obtuvo el 17,9% del PIB, proporción solo superada por Cataluña. El PIB por habitante de Madrid (26.700 euros por habitante en 2013) está por encima de la media nacional en un 30%, nivel solo inferior al del País Vasco. Los servicios tienen una presencia  excepcionalmente elevada en Madrid, donde el peso de  la industria en su economía es solo superior al de las autonomías de Baleares y Canarias.

Las políticas desarrolladas en Madrid en los 20 años de gobierno del Partido Popular han facilitado la  invasión  del mas bien  escaso  territorio con todo tipo de construcciones, sobre todo de vivienda, mandando la industria a  las vecinas provincias de Guadalajara y Toledo, sobre todo. No ha habido en este tiempo estrategia territorial alguna. Madrid es, pues,  la aglomeración humana más poblada de España, con casi 810 habitantes por kilómetro cuadrado, casi nueve veces la media nacional (93,4), seguida de cerca solo por la provincia de Barcelona (718,4).

 En cuanto al mercado de vivienda, frente al modesto aumento interanual de precios del 0,3%  en España en el tercer trimestre de 2014, en la Comunidad de Madrid  dicho aumento fue del 2,8%.   En el mismo periodo de tiempo los alquileres disminuyeron en España en un 3,5%  sobre el año precedente, mientras en Madrid  aumentaron casi en un 1%.

El mayor aumento de los precios en Madrid en 2014 estuvo acompañado de  un importante incremento de las ventas de viviendas, según la estadística del Ministerio de Fomento procedente de los notarios. En los tres primeros trimestres de 2014 dichas ventas crecieron en Madrid en un 44,2% sobre el mismo periodo del año anterior. Dicho aumento superó al de España (22,5%) y fue el más elevado  del conjunto de las autonomías. Las ventas de viviendas en Madrid se aproximaron al 14% del total de España en 2014.

 La reacción de la nueva oferta de viviendas ha sido también más acusada en Madrid durante 2014 que en el resto de España. En los diez primeros meses las viviendas iniciadas en Madrid crecieron en un 26,4% sobre el año anterior, muy por encima del ritmo medio de España, que fue del 6,7%. Las 7.832 viviendas iniciadas en Madrid en el periodo citado supusieron el  21,7% del total de iniciaciones de España.

 El dinamismo del mercado de vivienda en Madrid no estuvo acompañado de un crecimiento económico  acusadamente mayor en 2014. La  afiliación a la Seguridad Social creció  en Madrid en  diciembre de 2014 en un 2,92%, casi  cuatro décimas por encima de España. Por otra parte, más del 20% de las ventas registradas de viviendas en Madrid lo fueron al contado, sin préstamo hipotecario. Esto  confirma la presencia significativa entre los adquirentes de inversores establecidos en España, personas físicas o jurídicas (fondos de inversión). El peso de las ventas a extranjeros  fue en Madrid (7,6%) inferior a la media de España (17,1%) en 2014.

El salario medio en Madrid se situó un 18% por encima del de España. El precio de la vivienda superó en Madrid a la media nacional en un 36,1% (en los alquileres dicho exceso es del 37,3%). Acceder a la vivienda en Madrid resulta más costoso que en el resto  del territorio nacional. Dicha  diferencia se puede acentuar de persistir la evolución de los precios de la vivienda en 2014. Con los actuales niveles de alquileres en Madrid, un mileurista  no podría pasar de una superficie de 35 m2 a fin de que el acceso a la vivienda  no superase  la tercera parte de su salario.

Los inversores han potenciado el segmento “prime” de la vivienda en Madrid, pero los  niveles  salariales de los  nuevos empleos y la inestabilidad de los mismos no permiten comprar tanto producto  de “alta gama. El repentino dinamismo del mercado de vivienda en Madrid puede  convertirse en una nueva burbuja si los precios de la nueva y vieja oferta de vivienda no se adaptan a lo que es la realidad de la demanda.


Este articulo se publicó en la revista semanal El Siglo de Europa de 19 de enero de 2015



[1] JRL es  Vocal del Consejo Superior  de Estadística y miembro de Economistas frente a la Crisis

14 enero 2015

INTRODUCCIÓN AL LIBRO "EL VICIO DEL LADRILLO" Julio Rodríguez López

INTRODUCCIÓN
Julio Rodríguez López1

El libro El vicio del ladrillo. La cultura de un modelo productivo
de Lluís Pellicer, editado por Los LIbros de la Catarata,  aporta una amplia panorámica de las variables
básicas descriptivas de la incidencia del negocio inmobiliario
sobre el más reciente ciclo de la economía española.
Este último transcurrió, aproximadamente, entre 1997 y
2013. Dentro del mismo se incluye una etapa primera de
auge que se prolongó alrededor de una década, entre 1997 y
2007, y una fase posterior de recesión que se extendió entre
este último ejercicio y 2013.

El último ciclo de la economía española resultó especialmente
abrupto, por el acusado contraste entre las dos
fases que incluye. La etapa expansiva inicial se caracterizó
por la intensidad del crecimiento: el PIB de la economía
española creció a un ritmo medio anual del 3,8%, el empleo
aumentó con una tasa media del 3,5%, correspondiente a
una creación anual de más de 560.000 nuevos empleos.

El PIB por habitante de la economía española creció
desde un nivel del 67,1% de la media de la Eurozona hasta el
85% en 2007. El sector de la construcción, donde destacó la
expansión del segmento residencial, aportó directamente 14
casi la tercera parte del crecimiento total de la economía. El
papel de la financiación crediticia al subsector inmobiliario
fue decisivo. Para atender a la demanda de crédito las entidades
financieras apelaron masivamente a los mercados
mayoristas de dinero.

El “huracán” que vino de América, según una expresión
del autor del libro, provocó un cambio radical de la economía
a partir del verano de 2007. Después de este año y hasta 2013
el PIB de la economía española retrocedió a un ritmo medio
anual del 1%. Asimismo, el empleo descendió una media del
3,2%, correspondiente a una caída anual del empleo superior
a los 350.000 puestos de trabajo.

El PIB por habitante se situó en 2013 en el 77% del nivel
medio de la Eurozona. El saldo vivo del crédito inmobiliario
a finales de 2013 era un 24% inferior al del mismo periodo
de 2007. El retroceso del sector de la construcción en la
etapa de recesión superó al sufrido por el conjunto de la economía,
que no cayó con más fuerza por la aportación positiva
de las exportaciones al crecimiento. El número de viviendas
de nueva construcción no vendidas en 2014 no debe de estar
lejos de las 500.000 y confirma el exceso de construcción de
viviendas producidas durante la etapa de expansión.

La deuda pública, que ascendía al 36,2% del PIB a finales
de 2007, se ha aproximado al 100% en 2014, resultando
asimismo elevado el endeudamiento exterior de la economía
española. Las cifras macroeconómicas pueden resultar equivalentes,
pero el grado de desmoralización y de bajas expectativas
de la sociedad española en 2014 supera ampliamente
al de 1997, año de inicio del último ciclo. Para llegar a dicha
situación ha sido relevante la negativa evolución reciente de
la economía española después de 2007 y el modelo productivo
en el que se apoyó la economía en la fase de expansión.

Una buena parte de los problemas que todavía arrastra
la economía española en 2014 procede, pues, de los excesos 15
cometidos en la fase de crecimiento transcurrida entre 1997
y 2007. Tales excesos no fueron exclusivos de España y tuvieron
un origen sobre todo financiero. En dicha etapa fallaron
las entidades bancarias, fallaron los bancos centrales, los
reguladores financieros, las empresas no financieras y hasta
los consumidores2.

En la mencionada etapa de auge hubo en España una
amplia complicidad social en lo que estaba sucediendo, en
especial por parte de las administraciones públicas más
favorecidas por el proceso de construcción masiva de nuevas
viviendas. El libro de Lluís Pellicer subraya que una proporción
muy elevada del negocio inmobiliario procedió de las
transacciones de suelo. Una de las empresas más representativas
de la etapa en cuestión se presentaba como “gestora
de suelo”. 

El negocio consistía básicamente en adquirir
suelo rústico a precios reducidos y en vender después ese
mismo suelo, una vez conseguida la oportuna recalificación
urbanística por las autoridades competentes en la materia,
esto es, ayuntamientos y comunidades autónomas.

En 2007 existían abundantes falacias populares sobre la
vivienda, entre las que destacaban la de que “el precio de
la vivienda no puede bajar”, y la de que “alquilar supone un
derroche” o “no tire el dinero, compre”3. Aunque tras el
breve auge inmobiliario de 1985-1991 hubo descensos
moderados en los precios de venta de las viviendas, la idea de
que las viviendas no podían bajar de precio estaba muy
extendida en la sociedad española. Dicha circunstancia contribuyó
a la formación de una burbuja inmobiliaria conforme
iba entrando el nuevo siglo.

Las administraciones públicas competentes crearon la
normativa precisa para que fuesen mínimos los obstáculos a
la producción masiva de nuevas viviendas. La exposición de
motivos del Real Decreto Ley 6/1998, emanado del primer
Gobierno Aznar, contenía toda una declaración de intenciones 16
más provista de ideología que de evidencias. Según dicho
texto, a la vista de la carestía creciente de las viviendas, bastaría
con calificar como urbanizable el máximo posible de
suelo para impulsar la nueva construcción, con lo que se
bajarían los precios.

La norma citada consagraba la valoración del suelo
según las expectativas urbanísticas, en lugar de hacerlo
según los resultados de las actividades desarrolladas sobre el
mismo. Las amplias expectativas generadas y la evidencia de
que había financiación crediticia abundante dispararon el
coste del suelo, con lo que se aceleró la subida de los precios
de las viviendas. En dicho proceso no hubo diferencias apreciables
en el comportamiento de los ayuntamientos según
los partidos políticos dominantes: el autor habla de transversalidad
política.

La Ley Urbanística de la Comunidad Valenciana —Ley
6/1994, de 15 de noviembre, Reguladora de la Actividad
Urbanística (LRAU)— destacó por la creación de la figura del
“agente urbanizador”, “investido de poderes como si de un
agente público delegado se tratase”4. Dicha figura legal estuvo
asociada con algunas de las actuaciones más especulativas
desarrolladas en el periodo citado.

Del modelo urbanístico de “ciudad compacta” se pasó al
modelo extensivo. Las denuncias de los residentes extranjeros
afectados por el urbanismo invasor motivaron la realización
de dos informes del Parlamento Europeo. En dichos
informes se subrayó que los planes locales de urbanismo no
se ajustaban en España al aumento previsto de la población,
sino que respondían a la ambición de los gobernantes locales.

En algunas ciudades los europarlamentarios no fueron
recibidos por los responsables políticos locales, sino por
promotores inmobiliarios con intereses en tales ciudades.
El dejar el desarrollo de las ciudades en manos de los
promotores fue otra consecuencia de la burbuja inmobiliaria 17
y de la, con frecuencia, gestión municipal poco responsable
del suelo y de la ciudad. La depredación medioambiental y la
expulsión de actividades productivas sostenibles fueron las
consecuencias más inmediatas. La década expansiva fue una
etapa de abusos, de alejamiento de las personas mayores
de los centros urbanos, de presencia frecuente de sucesos de
“mobbing inmobiliario”.

El encarecimiento de la vivienda, cuyos precios aumentaron
en España en un 200% durante la década citada, complicó
el acceso al alojamiento a numerosos hogares y produjo
abundantes situaciones de excesivo endeudamiento. Esta
circunstancia favoreció la elevada morosidad bancaria posterior,
que se vio impulsada también por la reducida oferta
de viviendas de alquiler de España y, sobre todo, por la
ausencia de un parque social de viviendas de alquiler.

Al final de la década de expansión la estructura productiva
española había cambiado en favor de la construcción y
en contra de la producción de mercancías —agricultura,
ganadería e industria—. El fuerte volumen de crédito destinado
al mercado de vivienda fue una prueba más del desvío
de recursos realizado en España por parte del mercado
inmobiliario. Esta evolución afectó de forma negativa a la
capacidad de competir de la economía española.

En la fase expansiva fueron frecuentes los procesos de
fusiones y de compras de empresas apoyados en un elevado
apalancamiento financiero de las empresas resultantes.
Cuando se hizo más evidente la llegada de la crisis abundaron
las salidas de empresarios inmobiliarios españoles al
resto del mundo, en especial a América Latina y a Europa
Oriental. Los resultados globales obtenidos no parecen
haber sido brillantes, por lo general. El modelo habitual de
comprar suelo barato y, tras la oportuna recalificación, proceder
a su venta una vez revalorizado, no resultó de fácil
implantación fuera de España.18

El crédito inmobiliario —a promotor, a constructor y a
comprador de viviendas—, que ascendía en 1997 al 28,4%
del PIB había llegado a suponer el 102,5% en 2007. La participación
de dicha financiación en el conjunto del crédito al
sector privado de la economía creció desde el 40% en 1997
hasta el 60% en 2007. En numerosas cajas de ahorros, al
llegar la crisis, las partidas ligadas a la actividad inmobiliaria
superaban el 50% del balance.

Tras las alarmas del verano de 2007, a pesar de la ausencia
de títulos respaldados por créditos “subprime” entre los
activos bancarios en España, la recesión empezó a advertirse
pronto por la restricción crediticia que siguió a las citadas
alarmas. El cierre para los bancos españoles de los mercados
de capitales cortó en seco la financiación a promotor.

Se advirtió en 2008, al inicio de la crisis, que los precios
de las viviendas bajaban lentamente y que el ajuste se estaba
concentrando en el descenso de la construcción de nuevas
viviendas. La morosidad empezó a crecer con rapidez en los
créditos bancarios. La intervención de Caja Castilla-La
Mancha por el Banco de España en 2009 puso de manifiesto
el alcance de la crisis y su fuerte impacto en las cajas de ahorros.

Entre 2009 y 2011 tuvo lugar un proceso de concentración
bancaria impulsado desde el Banco de España, y ello
con el propósito de hacer frente a los problemas de solvencia
—escasez de recursos propios— y de liquidez de buena parte
del sistema financiero, en especial de las cajas de ahorros.
Dicho proceso resultó complicado por el carácter compartido
de la supervisión bancaria de las cajas de ahorros entre el
Banco de España y las comunidades autónomas.

Se acudió a las “fusiones frías vía SIP”, obligándose
legalmente a que desde 2011 las concentraciones de cajas de
ahorros efectuadas por dicha vía dieran paso a los bancos.
Las concentraciones bancarias se establecieron de forma 19
que las cajas de ahorros fusionadas no eran una caja mayor,
sino un banco, lo que vino a ser el “toque de difuntos” de las
cajas de ahorros en España.

En 2012 tuvo lugar el desenlace final del ajuste bancario
tras las fuertes obligaciones de provisiones bancarias a los
activos inmobiliarios derivadas de los dos “Reales Decretos
Guindos”. Estos acentuaron los descensos en los precios de
las viviendas y favorecieron que los activos inmobiliarios
problemáticos pasaran a engrosar los activos bancarios. El
Memorándum firmado por el Gobierno español con la
Comisión de la Unión Europea en el verano de 2012 dio paso
a la creación del “banco malo”, Sareb, en noviembre de ese
mismo año.

Sareb compró activos inmobiliarios por una cuantía de
alrededor de 50.700 millones de euros a los bancos de los
grupos 1 y 2, activos que adquirió con un descuento del 63%
respecto de su valor contable. Para dicha compra, Sareb ha
realizado emisiones de deuda en forma de títulos avalados
por el Gobierno y que cuentan con la liquidez del Banco
Central Europeo. Se ha previsto desarrollar el proceso de
venta de los activos adquiridos en un plazo de 15 años.

A partir del verano de 2013 ha tenido lugar un cambio
cualitativo importante en el mercado inmobiliario español.
Los precios de las viviendas han iniciado un proceso de estabilización,
aunque el descenso no ha terminado de forma
definitiva. Los fondos de inversión iniciaron en dicho periodo
la compra de activos inmobiliarios españoles, adquiriendo en
principio bloques de viviendas de administraciones autonó­
micas y de ayuntamientos ocupados, en régimen de alquiler en
su mayor parte, por hogares con ingresos medios y bajos.

 En un año dichos fondos han realizado compras en España de activos
inmobiliarios por una cuantía de 15.000 millones de
euros. Las operaciones de venta de paquetes de activos de Sareb
han atraído asimismo a inversores extranjeros. 20
Desde las autonomías de Madrid y de Cataluña se ha
intentado impulsar la instalación del proyecto recreativo
Adelson, dentro del cual la actividad del juego iba a tener el
mayor peso. El proyecto no ha cuajado en Madrid, mientras
que en Cataluña el proyecto Barcelona World parece seguir
adelante de la mano de uno de los promotores asociados con
los proyectos más sobredimensionados y fracasados de la
etapa de expansión inmobiliaria.

El comportamiento de las autoridades autonómicas
citadas confirma la persistencia de la propensión española a
implantar actividades que conlleven importantes desarrollos
inmobiliarios. Los ayuntamientos siguen viendo en las
nuevas promociones la solución a su crónica escasez de
recursos. El ideal más generalizado entre las autoridades
locales y autonómicas radica en que desde el resto del mundo
se compren cuantas más viviendas sea posible en España. Se
aspira a dinamizar el denominado “turismo residencial”,
que no resuelve precisamente los problemas de empleo una
vez terminada la construcción de las nuevas viviendas.

El autor de este libro se pregunta finalmente qué sucederá
con las viviendas y con las carteras de créditos adquiridas
a bajo precio por los fondos “buitre”. También destaca la
conveniencia de que en el futuro, una vez recobrada la normalidad
en el mercado de vivienda, se planifique mejor la
actividad de la promoción y se tengan en cuenta las necesidades
de los territorios en los que se disponga de terrenos.

Conforme se normaliza la situación de la economía
española vuelve a reaparecer el déficit exterior, que en 2007
llegó al 10% del PIB. En los cinco primeros meses de 2014 el
déficit comercial de España aumentó en un 82% sobre el año
anterior. La citada evolución del déficit confirma la dificultad
de competir de dicha economía con el resto del mundo.
Este problema se acentúa por la integración de la economía
española en una unión monetaria cuya moneda, el euro, 21
tiene una notable fortaleza. Esta circunstancia reduce el
supuesto impacto favorable sobre la competitividad de los
draconianos procesos de “devaluación interna” empleados
por el Gobierno de Rajoy después de 2012.

Los años de bonanza no sirvieron, pues, “para establecer
un modelo productivo estable que permitiera un crecimiento
seguro apoyado en las exportaciones industriales y
agroindustriales”6. La ausencia de un proceso trascendente
de transición a un nuevo modelo productivo implica que la
“miopía del desastre” volverá a funcionar y que no será
extraño que la economía española pase de nuevo por circunstancias
como las que han dado lugar a la difícil situación
actual.

ESTE TRABAJO SE INCLUYÓ COMO INTRODUCCIÓN EN EL LIBRO "EL VICIO DEL LADRILLO. LA CULTURA DE UN MODELO PRODUCTIVO" DE LLUIS PELLICER, EDITADO EN 2014 POR "LOS LIBROS DE LA CATARATA"

NOTAS
1. Julio Rodríguez López es doctor en Ciencias Económicas. Fue presidente
del Banco Hipotecario de España y de Caja Granada.
2. “Crash course”, The Economist, 7 de septiembre de 2013.
3. J. García Montalvo, De la quimera inmobiliaria al colapso financiero,
Antonio Bosch editor, 2008.
4. J. M. Naredo y A. Montiel Márquez, El modelo inmobiliario español y su
culminación en el caso valenciano, Icaria editorial, 2011.
5. El País, 17 de julio de 2014.
6. I. Sotelo,”Lo mejor de nuestra historia contemporánea”, El País, 17 de

julio de 2014