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11 junio 2016

LA POLITICA MONETARIA NO BASTA PARA SALIR DEL BAJO CRECIMIENTO Julio Rodríguez López[

   Las previsiones económicas de la OCDE de mayo de 2016 han  confirmado la continuidad en 2016-17 del bajo crecimiento posterior a 2008. Dicho organismo ha subrayado los riesgos de la persistencia de dicha situación para la economía global. En 2016 se ha extendido la práctica de tipos de interés negativos por parte de los bancos centrales. Se refuerza  así el carácter agresivo de la actual política monetaria, respecto de la cual se resalta su incapacidad para lograr que la economía salga de la situación de bajo crecimiento.

  El ritmo de crecimiento de los países de la OCDE bajará  desde el 2,1% de 2015 al 1,8% en 2016. El aumento del comercio mundial descenderá desde el 2,6% en 2015 hasta el 2,1% en 2016, por debajo de su tendencia histórica. Dicho organismo considera que la economía global ha entrado en una “trampa” de bajo crecimiento. Ello reducirá el aumento de  la inversión  productiva y mantendrá elevado el desempleo. Además, persistirá el bajo aumento salarial, crecerán  las desigualdades y bajará el PIB potencial de las economías desarrolladas.

  Cualquier shock externo significativo puede conducir a la economía global a una nueva recesión, según la OCDE. La política económica debe de dejar de apoyarse solo  en la sobrecargada política monetaria. Se debe ampliar el débil papel de la política fiscal y estimular a la inversión productiva empresarial, que es el factor que  tendría mayores efectos multiplicadores sobre la evolución de la economía.

  Pero la política económica  actual está lejos de tomar el perfil más diversificado que sugiere la OCDE. En 2016, además de seguir practicándose con intensidad  la política de “alivio cuantitativo” o de inyección de liquidez en la economía mediante la compra de deuda pública y privada por los bancos centrales, se ha extendido la práctica de tipos de interés negativos desde dichas entidades.

   La forma más visible  de tal política es el cobro de intereses a los bancos por las reservas de liquidez depositadas en los bancos centrales. Se pretende que los bancos aumenten la concesión de nuevos préstamos y también su inversión directa. Pero  los tipos de interés negativos pueden tener efectos no deseados.

  Ejemplos de esto último son  los casos de los descensos significativos que ya están teniendo lugar en la rentabilidad de los bancos, que hasta ahora no han extendido la percepción de intereses a los depositantes, aunque no falta mucho para legar a esa situación.  Otra consecuencia  es el estímulo a que los bancos asuman riesgos excesivos, provocando  burbujas en los precios de los activos, algo de los cual se  advierte en los crecientes precios de las viviendas en un amplio número de países de Europa Occidental.

En Alemania las consecuencias de los bajos tipos de interés han llegado lejos. El ministro de Finanzas, Schauble, responsabilizó a la política antideflacionista del  BCE de parte del  auge electoral del  partido ultraderechista Alternativa para Alemania. Ese país se ha beneficiado de dicha política, pero ello no satisface a los hogares que van a votar habiendo perdido gran parte de  la rentabilidad de sus inversiones. En Alemania se subraya el efecto negativo de los tipos de interés casi nulos sobre los ahorradores, sobre los  resultados bancarios, lo que ha obligado a cerrar oficinas y a cobrar más comisiones por servicios, sobre las compañías de seguros, comprometidas a pagar rentabilidades ahora inalcanzables por los seguros suscritos y, por último, sobre los fondos de pensiones, que corren serios peligros de no poder cumplir sus compromisos en los próximos años (Financial Times, “Germany: Draghi v the banks”, 31.5.2016).

Según el biógrafo de Keynes, Robert Skidelsky  (“The false promise of negative interest rates”, www.socialeurope.eu, 31.5.2016), Keynes, de estar vivo, calificaría  los tipos de interés negativos como una medida desesperada de quienes creen no queda otra cosa que hacer para salir de un peligro. En la “Teoría General”, Keynes subrayó que los bajos tipos de interés pueden dar lugar a mayores niveles de inversión, pero tal efecto se pierde  si las expectativas de beneficios descienden a mayor ritmo que los tipos de interés. ”El dinero actúa como un licor estimulante sobre la  actividad económica, pero el licor se puede perder entre la copa y los labios”.

Experimentos como la compra masiva de bonos públicos y privados para aportar liquidez a la economía y los tipos de interés negativos (solo falta la formula friedmaniana de que un helicóptero arroje dinero recién impreso sobre las ciudades) no han mejorado la situación. Skidelsky califica a los tipos de interés negativos como  de distracción  respecto de un análisis que fue y sigue siendo equivocado, y que sobre todo se revuelve ante la idea de que crezca el papel del sector público en la economía. 

Todo apunta a  la necesidad de emplear la política fiscal  y de  que el gobierno pida prestado del banco central o de un banco de inversiones para gastar el nuevo dinero  en inversiones necesarias (renovación  de los sistemas de transporte,  tecnologías de ahorro energético, refuerzo de la digitalización…). Sin intervención directa de los gobiernos  el echar billetes sobre las multitudes no arreglará nada, cuando ese dinero podría servir para mucho si lo emplea el sector público con una visión  global para toda la Eurozona.   


Una versión de este artículo se publicó en la revista semanal El Siglo de Europa el 12 de junio de 2016




[1] JRL es miembro de Economistas frente a  la crisis y vocal del Consejo Superior de Estadística del INE

22 febrero 2016

LA RECESIÓN Y LA CRISIS FINANCIERA RETORNAN A LA ECONOMIA MUNDIAL? Julio Rodríguez López

 Las Perspectivas Económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) de enero de 2016 rebajaron al 2,1% las previsiones de crecimiento para este  año  de las economías avanzadas (1,7% para la Eurozona y 2,7% para España). En las recientes estimaciones de Eurostat para el cuarto trimestre de 2015 ha  destacado  el modesto crecimiento real de la Eurozona (0,3%), evolución que confirmó la  mediocre expansión de dicha área económica en 2015, el 1,5% (2,4% en Estados Unidos). En  enero y primera quincena de febrero de 2016 se ha acentuado la volatilidad de los mercados. En este periodo han  destacado  los fuertes descensos y oscilaciones de los precios de las acciones y la reaparición de la desconfianza respecto de la situación real de los bancos en Europa.

Los factores más influyentes de la nueva situación son, entre otros, el aterrizaje forzoso de la economía de China, el agotamiento del crecimiento de Estados Unidos, que solo creció un 0,2% en el último trimestre de 2015, la presencia de signos de debilidad en la demanda mundial, visible sobre todo en las intensas  caídas del precio del crudo de petróleo  y otras materias primas (Nouriel Roubini,  “The global economy new abnormal”, febrero 2016 , www.socialeurope.eu).

Según el mismo autor,  la  situación actual se  caracteriza por la presencia de numerosos elementos que hasta hace muy poco se considerarían como anormales, entre los que destaca sobre todo  el carácter poco convencional de la política monetaria. Las actuaciones de”alivio cuantitativo” (QE) (aportaciones masivas de liquidez a los mercados por parte de los bancos centrales, que se traducen en una abundante tesorería  en manos de los bancos comerciales) se han hecho continuas y los tipos de interés han alcanzado en algunos casos niveles negativos. En medio del desconcierto bancario que provoca dicha situación, tanto el Banco Central Europeo (BCE) como el Banco de Japón han anunciado  nuevas actuaciones, que intensificarían el ritmo de aplicación de esa política.

 Las bolsas de valores  han registrado  durante cierto tiempo auténticas burbujas alcistas en los precios de  algunos activos. Ello ha sucedido  al margen de la mediocre evolución de la economía real. Dicha evolución contradictoria revelaría que esta última, tanto en los países avanzados como en los emergentes,  atraviesa por una situación enfermiza, que no puede prolongarse demasiado tiempo.

  Los mercados de valores suelen anticipar más recesiones de las que después tienen lugar en la realidad, pero tales señales se han hecho constantes y persistentes, por  lo que debe de prestarse más atención a lo que subyace detrás de tales avisos. El comportamiento de la economía china la ha llevado a apoyar el crecimiento en el sistema financiero, como si fuese el Reino Unido.

 Además, China  ha construido infraestructuras con un ritmo de consumo de cemento y hormigón que en solo dos años equivale al de Estados Unidos en todo el siglo XX. A eso se une la caída de su divisa, que hubiese descendido aún más de no haber vaciado el stock de reservas. China  va  a dejar, pues,  de aportar empuje a la economía mundial y su deuda se ha multiplicado (L. Summers, “Heed the fear of the financial markets”, FT, 10.2.2016).

  De reducirse el empuje de la economía china, quedan escasos instrumentos a los responsables de la política económica de Estados Unidos y de Europa para dinamizar el crecimiento global. Las expectativas de los mercados sobre la inflación futura descartan el cumplimiento de los objetivos del  BCE  (alcanzar una  tasa de inflación del 2%) para la Eurozona. Además, los mercados temen a los tipos de interés negativos y a sus consecuencias.

  Dichos tipos negativos reducen el negocio bancario y ponen en cuestión la situación de numerosos bancos europeos (véase Deustche Bank). Ha trascendido que son muy numerosos los bancos que va a tener problemas para recuperar los importantes créditos concedidos a empresas productoras de energía. Los menores beneficios asustan a los inversores en acciones bancarias y perturban la situación de los ahorradores modestos, que dudan sobre donde colocar sus recursos. Se confirma la debilidad de la Unión Bancaria construida en estos años, donde se echa en falta un fondo de garantía de depósitos único y una mayor disponibilidad de recursos para resolver las crisis bancarias potenciales (W. Munchau, “The toxic twins of European finance return, FT, 14.2.2016).

 Una variante de la política seguida consistiría en que la liquidez aportada vía alivio cuantitativo se destinase a financiar directamente gasto público, inversión en infraestructuras sobre todo,  dejando el control de la cantidad emitida  a los bancos centrales, convirtiendo así en permanente a dicho instrumento. El riesgo global para la economía en Estados Unidos, Europa  y países emergentes es equivalente al de otras situaciones precedentes. ”Los responsables de la política económica deberían de esperar lo mejor y prepararse para lo peor” (L. Summers, op.cit.).

El difícil contexto descrito para la economía mundial, lleno de negros nubarrones, no ayudará  al crecimiento de la economía española. Ello debería impulsar a que en España, donde algunos indicadores más recientes parecen registrar comportamientos menos dinámicos que en el resto de 2015,   se formase gobierno con celeridad y que el mismo  llegase  con ideas claras sobre los abundantes problemas a atacar y sobre el camino a seguir.

Una versión de este artículo se publicó en la revista semanal El Siglo de Europa, de 22 de febrero de 2015



[1] JRL es Vocal del Consejo Superior de Estadística y miembro de Economistas Frente a la Crisis