Julio Rodriguez López[1]
En 2005 Motril superó los 56.000 habitantes, según el Padrón Municipal. Este dato implica un importante ritmo de aumento de la población, superior al de España y al de la provincia granadina. En 2005 Motril apareció como cabecera de una de las 82 áreas establecidas en el “Atlas Estadístico de las Areas Urbanas de España” editado por el Ministerio de Vivienda. En este ejercicio se profundizó la crisis iniciada en años anteriores en el subsector agrícola, mientras que mantuvo un intenso ritmo la construcción de nuevas viviendas destinadas a residencia secundaria o simplemente a inversión. El puerto de Motril aparece como el factor potencialmente más importante para el futuro desarrollo socioeconómico de esta área urbana. La zona empresarial próxima al puerto podría resultar decisiva conforme se vaya reduciendo el ritmo de construcción residencial de los últimos años.
1. Motril, Area Urbana
En un trabajo publicado en 2005 por el Ministerio de Vivienda Motril aparece como la cabecera del territorio que ocupa el puesto 75 entre las 82 áreas urbanas de España. Estas últimas, con mas de 50.000 habitantes cada una de ellas, concentran el 67% de la población nacional. Entre los rasgos mas destacados del Area de Motril destacan, según el citado estudio, la alta densidad de población existente (488,5 habitantes por kilometro cuadrado), el menor nivel de formación de su población respecto de la media nacional (menos titulados superiores y más personas sin estudios) y la alta proporción de la población de Motril que vive en el lugar de nacimiento (62,5%).
La presencia de población trabajadora es sensiblemente superior a la de España y el porcentaje de “pequeña burguesía” es muy inferior en Motril a la media nacional[2]. En el parque de viviendas destaca la alta proporción de las secundarias o de temporada en Motril (30,5% del total), casi el doble que la de España (16%). Los empleos en la agricultura (el 24,3% del empleo total), y en la construcción (15%), tienen una presencia sustancialmente mas elevada en Motril que en España.
2. Una población que crece a fuerte ritmo
Según el Padrón Municipal de Población de 2005 la población motrileña ascendía a 56.605 habitantes al comienzo de este año, un 2,8% mas que en el año precedente. El ritmo de aumento citado superó al de la provincia de Granada, aunque fue menor que el de las vecinas Almuñecar y Salobreña. En el periodo comprendido entre el Censo de Población de 2001 y 2005 el aumento acumulado de población de Motril ha sido del 10,4%. De mantenerse el ritmo de aumento citado, la población motrileña podría alcanzar los 65.000 habitantes en 2011.
Los mayores aumentos de población en España están teniendo lugar sobre todo en las provincias mediterráneas. En 2005 destacaron los aumentos interanuales de población de las provincias de Almería (5,6%), Tarragona y Alicante (4,6% en ambos casos). Existe una visible correlación entre el aumento poblacional y el ritmo de construcción y venta de viviendas, en especial de temporada. Los campos de golf y los puertos deportivos se han convertido en auténticos señuelos comerciales que facilitan la venta de las nuevas viviendas construidas en su entorno inmediato. La escasez de agua se va a compensar en el Mediterráneo español acudiendo a la desalación masiva del agua marina.
3. Crisis de la agricultura, auge del negocio inmobiliario
En los últimos años se están repitiendo en la Costa de Granada los bajos precios de venta de los productos hortofruticolas. Esta evolución ha reducido de forma espectacular la rentabilidad de las explotaciones agrícolas. Su origen descansa en varios factores, como son la proliferación de invernaderos, la cada vez mayor oferta agrícola que viene del norte de Africa a precios reducidos y el estancamiento de la demanda de consumo de los países de la Unión Europea, cuyas economías han crecido poco en los últimos años.
La difícil situación de la hortofruticultura ha evidenciado las crónicas insuficiencias del sistema de comercialización agrario vigente y el casi nulo papel de las administraciones públicas en el proceso descrito. Se ha comentado antes la trascendencia de la agricultura en el empleo total en el área urbana de Motril. Los puestos de trabajo ligados a dicho subsector se aproximan a los 5.000. De profundizarse aun más la crisis agrícola dichos empleos disminuirán y no podrán absorberse por la construcción residencial de viviendas de temporada.
Las fuertes plusvalías inmobiliarias, obtenidas sobre todo a partir de la recalificación de los terrenos, no favorecen precisamente ni al desarrollo sostenido ni a la creación de nuevos empleos una vez pasada la fase de la construcción. Los grupos empresariales hoteleros más destacados de España han subrayado como la construcción excesiva de viviendas de temporada perjudica al desarrollo turístico. El denominado “turismo residencial” produce muy escasos puestos de trabajo, realidad que en Motril se puede comprobar solo con observar la casi nula animación, fuera de temporada, de las nuevas áreas residenciales. Pero los desarrollos urbanísticos previstos en los sucesivos planes locales de urbanismo no se han diseñado en Motril, ni en casi ninguna ciudad costera, con la vista puesta en el desarrollo económico.
4. El puerto de Motril y el futuro
El futuro parece anticipar una constante reducción de la oferta agrícola y un continuo crecimiento del parque de viviendas secundarias en Motril. Una alta proporción de dichas viviendas servirá como colocación del ahorro familiar y será objeto de una escasa utilización. En el cada vez menor volumen de suelo no previsto como urbanizable residencial se debe de optar por una utilización del mismo que garantice empleos estables y no de los que solo duran el tiempo de la construcción. La superficie de Vega ya destinada a vivienda de temporada es más que suficiente. El urbanismo no debe diseñarse en exclusiva en función de los ingresos fiscales municipales derivados de la construcción de nuevas viviendas. De camino se ayuda con dicha estrategia alternativa a la reducción del déficit comercial de España y a la mejora de su capacidad de competir.
Motril deberá de optar entre el modelo inercial de las ciudades ya colmatadas de residencias secundarias, tan desacreditadas como Torrevieja, a titulo de ejemplo, o entre un modelo que compagine una cuota significativa de suelo agrícola, de hoteles y viviendas secundarias y de suelo destinado a actividades empresariales. En este sentido el polígono próximo al ampliado puerto de Motril, con 780.000 metros cuadrados de extensión, debe de ser un motor de desarrollo sostenido. El futuro de este último depende de la gestión que del mismo va a realizar la autoridad autonómica y también de que desde el gobierno local se potencie y amplie el papel del mismo. Los motrileños del presente y las futuras generaciones necesitan que se reserve suelo para desarrollar actividades productivas y que se valore al mismo como algo escaso y no renovable.
Y de camino, se debe de procurar que Motril sea una ciudad más habitable, más acogedora, mas dotada de actividades culturales y de zonas verdes. El suelo público disponible debe servir para reforzar los equipamientos y no tanto para que sobre el mismo se desarrollen nuevas grandes superficies comerciales. No se trata solo de lograr que se pueda seguir divisando al Cerro de la Virgen desde la playa, se trata también de que el suelo público tenga utilidad para los ciudadanos y que las grandes operaciones ludico-comerciales no tengan que instalarse necesariamente sobre dicho tipo de suelo.
[1] Doctor en CC Económicas. Vocal del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid
[2] El Atlas Estadístico citado distingue entre “burguesía”, “pequeña burguesía” y “clase trabajadora”.
Este blog está destinado a poner de manifiesto las disfunciones y colectivos perjudicados por la forma en que el problema de la vivienda se está afrontando en España, mostrándolo como un problema singular en Europa. y las posibles soluciones al mismo.
27 julio 2006
26 julio 2006
Los carteles del puerto
Julio Rodriguez López
El número extra de verano del semanario “El Faro” supone una toma anual de contacto con la realidad de Motril. Todos los años destacan en dicho número las buenas fotos que lo acompañan, que ilustran mejor que muchas palabras los cambios que están teniendo lugar en esta ciudad. Se advierte en las mismas el descenso de la superficie destinada a los cultivos agrícolas y se anticipan los cambios que se avecinan en la trama urbana, derivados del cierre de las dos autovías del Estado que confluyen en el término municipal motrileño.
El contexto nacional de España también está registrando cambios cuyas consecuencias será preciso transcurra algún tiempo para advertir su alcance. La economía española mantiene un intenso ritmo de crecimiento, apoyado en el consumo y en la construcción, sobre todo la residencial. El fuerte déficit exterior de dicha economía no está planteando, hasta el momento, problemas de financiación, gracias a la fuerte aportación de ahorro desde el resto del mundo.
En nueve años de auge inmobiliario se han construido más de cinco millones y medio de viviendas en España, casi el doble que lo que ha crecido el número de hogares. Solo Andalucía construye más viviendas que muchas naciones europeas, algunas tan importantes como el Reino Unido. Los españoles han sustituido masivamente ahorro bancario por viviendas, que se adquieren en casi un 40% del total de ventas como forma de colocación del ahorro. La moderada subida de los tipos de interés que está teniendo lugar, junto al intenso volumen de construcción desarrollado, parece anticipar un periodo menos dinámico en la evolución de las compras de viviendas.
Se advierte en los últimos años una tendencia creciente de los municipios a estimular la construcción residencial, en detrimento de otro tipo de desarrollos alternativos. Escasea en general el suelo industrial o destinado a actividades productivas alternativas a la citada construcción de nuevas viviendas. La administración central apenas tiene competencias en materia de urbanismo, quedando así la responsabilidad de las decisiones relativas al destino del suelo en manos de ayuntamientos y autonomías.
Los primeros resultados de dicho proceso no parecen ser brillantes, a la vista de la hipertrofia que está registrando el desarrollo inmobiliario y de las negativas consecuencias ambientales que dicha evolución está provocando. Son elevados los riesgos que conlleva el que tuviese lugar un cambio significativo en la coyuntura inmobiliaria, ante la debilidad del tejido productivo que va a permanecer tras el aluvión de la construcción de nuevas viviendas.
Motril debe ir más allá del ladrillo
En enero de 2005 un cartel colocado a la entrada del puerto motrileño calificaba como de “basurero municipal” la instalación de una determinada fábrica en el área de expansión del puerto, área en cuyo desarrollo está teniendo un papel relevante la Junta de Andalucía. Dicha fábrica podría generar unos cien nuevos puestos de trabajo. En abril de 2006 otro cartel descalificaba el desarrollo empresarial de dicha área con el agresivo rótulo de “Quieren poner un polígono industrial”, cosa que debe ser una especie de desgracia para los autores de dicho comentario.
En enero de 2005 un cartel colocado a la entrada del puerto motrileño calificaba como de “basurero municipal” la instalación de una determinada fábrica en el área de expansión del puerto, área en cuyo desarrollo está teniendo un papel relevante la Junta de Andalucía. Dicha fábrica podría generar unos cien nuevos puestos de trabajo. En abril de 2006 otro cartel descalificaba el desarrollo empresarial de dicha área con el agresivo rótulo de “Quieren poner un polígono industrial”, cosa que debe ser una especie de desgracia para los autores de dicho comentario.
La trascendencia del contenido de dichos carteles resulta mayor cuando se advierte el amplio eco de los mismos en el discurso político local. La calidad ambiental de cualquier barriada de Motríl es un bien preciado, pero el destacado protagonismo de la oposición vecinal al desarrollo empresarial del área del puerto podría revelar que existen intereses adicionales a los meramente vecinales.
El puerto de Motril se construyó por el Estado en las dos primeras décadas del siglo veinte con el fin de favorecer el desarrollo de toda la provincia de Granada, en la que se recibió con la mayor simpatía la noticia de dicha construcción. Dicho puerto ha sido objeto de una ampliación decisiva en los últimos años. Esta circunstancia puede reforzar su papel en la economía de la provincia y de Andalucía. El área de expansión del puerto desempeñaría un papel relevante en dicha evolución, a la vez que podría contribuir a que en Motril se generase un volumen significativo de nuevos empleos estables. Estos últimos subsistirían cuando amaine el ritmo de construcción de nuevas viviendas en Motril en los próximos años.
Los resultados del último Censo de Población pusieron de manifiesto que los empleos ligados a la agricultura tenían una participación importante en Motril en la fecha de referencia censal (1º de noviembre de 2001). La caída de rentabilidad de la horticultura en los últimos años, derivada sobre todo de la fuerte oferta de dichos productos procedente del norte de Africa, provocará posiblemente la desaparición de numerosas explotaciones agrícolas en la comarca de la Costa, lo que tendrá una influencia negativa sobre el empleo y sobre la economía de Motril, donde no todo el mundo vive de la construcción.
La edificación de nuevas viviendas genera un número importante de empleos. Sin embargo, el ritmo de construcción de los últimos años no va a continuar ni tampoco serán un foco de creación de puestos de trabajo permanentes los “bosques” de viviendas que se están construyendo en las vegas, vieja y nueva, de Motril y los nuevos campos de golf que van a proliferar como reclamos publicitarios de los mismos.
En estas condiciones, el puerto de Motril es el principal activo de futuro de esta ciudad, el mayor foco potencial de esta ciudad en cuanto a creación de actividad y de nuevos empleos. Dicha circunstancia justifica el que deba de compatibilizarse la actividad de tráfico de mercancías de dicho puerto con el uso adicional del mismo derivado de la expansión inmobiliaria residencial que está teniendo lugar en la zona oeste de la antigua vega de Motril. Dichos proyectos inmobiliarios, que coinciden con la oposición al desarrollo económico de Motril apoyado en el puerto, deben de someterse a los intereses generales de esta ciudad y del resto de la provincia, y no anteponerse a los mismos.
El ayuntamiento motrileño debe de priorizar los intereses generales de la ciudad, en el presente y en el futuro, a cualquier interés particular. Tampoco se debe de supeditar el futuro de Motril a los objetivos cortoplacistas de mayor recaudación fiscal que conlleva el crecimiento indiscriminado del ladrillo. Los mayores ingresos de dicho ayuntamiento derivados de la fiscalidad municipal asociada con la construcción residencial (plusvalías de los solares sobre los que se va a construir, tasa de licencia de obras, Impuesto sobre construcciones y obras –ICIO-, plusvalías del suelo derivadas de la venta de las viviendas y, sobre todo, el “sueldo fijo” que supone el Impuesto sobre bienes inmobiliarios -IBI) son importantes. Sin embargo, en la acción política local no deberían predominar los objetivos de corto plazo, ni tampoco un ayuntamiento es una empresa cuya finalidad fuese la de conseguir el máximo posible de ingresos, sacrificando a dicho propósito el futuro de una ciudad.
La defensa de la calidad de vida de los vecinos de la barriada limítrofe con el puerto de Motril puede conseguirse sin frenar el progreso de esta ciudad. Un posible parque empresarial en el área de expansión del puerto es una fuente potencial de creación de actividades empresariales y de empleos y no precisamente un basurero.
A título de ejemplo, resulta muy superior la aportación a Motril de la fábrica de papel, construida en plena vega en los años sesenta del pasado siglo, que lo que cabe esperar en el futuro de las urbanizaciones que están ocupando la vega de Motril, sobre todo cuando haya terminado la construcción de las mismas. De cumplirse lo que se defiende en los carteles colocados a la entrada del puerto, hostiles al desarrollo del mismo y al aprovechamiento pleno de la fuerte inversión realizada por el estado español en la ampliación de dicho puerto, no resultaría para Motril un camino de progreso, sino de decadencia, además de constituir un derroche de dicha inversión.
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