24 octubre 2010

Las peripecias de la Deuda Pública española


Julio Rodríguez López

2010 está resultando un ejercicio complicado para el gobierno de España y también para las restantes administraciones públicas. Desde el gobierno se trató de hacer frente en 2008-2009 a las consecuencias de la crisis practicando políticas anticiclicas de inspiración keynesianas. Dichas políticas se apoyaron en los denominados “estabilizadores automáticos” y en un mayor empuje del gasto público. Los planes de estimulo de la construcción no residencial, desarrollados a través de los ayuntamientos, financiados por el gobierno de España, pretendieron corregir en parte el hundimiento del sector de la construcción, verdadero responsable del intenso descenso del empleo en la economía española.

Pero en 2010 ha crecido la “burbuja” de la deuda pública a nivel mundial. En este ejercicio se han colocado volúmenes masivos de emisiones de deuda pública, derivados de la financiación de las actuaciones anticíclicas anteriores y del saneamiento de entidades financieras afectadas por la crisis. Tras dos ejercicios de aparición de un déficit publico elevado, la deuda pública española (administración central, autonomías y ayuntamientos) se situaba a fines de 2009 en un nivel (53,2% del PIB) inferior al de la media de la Eurozona (79%)

Los problemas crecieron al conocerse el alcance del déficit público de España, el -11,2% del PIB en 2009, lo que creó alarmas de nuevos aumentos importantes de la deuda pública. A lo anterior se añadió el fuerte endeudamiento alcanzado por hogares y empresas en España. El auge inmobiliario de 1997-2007 se financió complementando los depósitos bancarios con apelaciones a los mercados mayoristas de dinero. Los intensos déficits externos de la fase de auge (que alcanzaron el -10% del PIB en 2007) se financiaron acudiéndo masivamente al ahorro exterior. Las exigencias de nuevas emisiones en 2010 derivadas de dicho endeudamiento se plantearon en un momento de fuerte presión de demanda sobre los mercados de capitales.

El endeudamiento exterior privado pesó, pues, sobre la situación de la deuda pública española. La grave crisis griega de la primera mitad de 2010 afectó a los países con mayores déficits públicos y puso en dificultades a la Eurozona. El escenario de retorno a un déficit público del 3% del PIB en 2013 previsto por el gobierno español pareció insuficiente a los organismos económicos internacionales. El Ecofin de la primera semana de mayo de 2010 forzó a adoptar medidas reductoras del déficit de impacto más inmediato que las previstas inicialmente. En este contexto, el diferencial de la deuda española a diez años con la deuda alemana creció desde el 0,84% en abril de 2010 hasta aproximarse al 2% en mayo. El coste de las emisiones de deuda española a 10 años aumentó así en un 17% entre abril y junio de 2010 (Ver gráfico).

En 2009 no solo habían registrado fuertes descensos las recaudaciones de los principales tributos en España, sino que se anticiparon recursos desde el gobierno a autonomías y ayuntamientos sobre la base de unos ingresos fiscales que no tuvieron lugar. La administración general del estado absorbió en principio los déficits de las restantes administraciones públicas.

En los meses de mayo y junio de 2010, en lo peor de la crisis de Grecia, no solo hubo problemas de colocación de deuda pública en los mercados de capitales, sino que también tuvieron dificultades las emisiones procedentes del sector empresarial de la economía española. Los mercados no se tranquilizaron para España hasta que se publicaron los resultados de las pruebas de “stress” realizadas a bancos y cajas de ahorros a fines de julio. Dichas pruebas evidenciaron una situación de solvencia suficiente de dichas entidades ante eventuales coyunturas problemáticas. El diferencial citado bajó hasta una media de 1,66 puntos porcentuales en agosto de 2010.

El aumento del déficit público irlandés complicó de nuevo en septiembre y octubre de 2010 la situación de los mercados. La deuda española mantuvo el tipo en principio, pero el anuncio a 30 de septiembre de que la Agencia Moody había rebajado la calificación de dicha deuda, desde el nivel Aaa al de Aa1, elevó el diferencial mencionado hasta un 1,80% y endureció la captación de recursos para España en los mercados de capitales.

Tres fueron las razones de Moody para la rebaja: las débiles expectativas de crecimiento de la economía española para los próximos años, el deterioro de la fortaleza financiera del gobierno de España, afectado por el empeoramiento de la situación de la deuda de las autonomías, y las posibles dificultades para atender las obligaciones derivadas de los mayores niveles de deuda que se avecinan. Moody ha estimado en 160.000 millones de euros las emisiones brutas de deuda española en 2011.

El ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, dijo en una ocasión que de mayor le gustaría ser mercado de bonos, por su enorme poder. La reacción del gobierno español implica un cambio radical de política económica. Ello ha supuesto, entre otros aspectos, un abrupto recorte del gasto publico, corriente y de inversión, unas elevaciones moderadas de los impuestos indirectos, la reducción o estabilización de algunas prestaciones sociales (véase pensiones) y unas reformas “duras” en el mercado de trabajo y en el sistema financiero. Ello implica un giro de 180 grados en el perfil de la politica económica seguida por el gobierno socialista hasta el primer trimestre de 2010.

No es esta la primera vez que un gobierno socialdemócrata debe de efectuar un fuerte ajuste ante una situación complicada frente al resto del mundo. La cuestión descansa en la necesidad de mantener el rigor de la política económica, a la vez que se intenta lograr que los costes del ajuste se repartan de forma equilibrada entre los diferentes estratos sociales, mientras se impulsa la salida de la crisis y el avance hacia un modelo productivo mas diversificado. Se trata de una tarea difícil, pero no imposible.



Julio Rodriguez es doctor en CC. Económicas y Vocal del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid.

22 octubre 2010

El Ministerio de la Vivienda vuelve a casa

Julio Rodríguez López

Al comienzo de la pasada década confluyeron en España todos los síntomas propios de las fases de calentamiento del mercado de vivienda. La expansión continuada de las ventas, que alcanzaron el millón de viviendas en 2006, los incrementos medios anuales del crédito inmobiliario (promotor, constructor y comprador) superiores al 20%, la fuerte reacción de la nueva oferta, que en diez años llevó a iniciar mas de seis millones de viviendas. El importante aumento del empleo impulsó la creación de casi 400.000 nuevos hogares cada año entre 1997 y 2007.

La incidencia de dicha evolución se dejó sentir en dos desequilibrios visibles. Por una parte, el déficit exterior de la economía española avanzó hasta el 10% del PIB. Por otro lado, los precios de la vivienda crecieron a un promedio nominal próximo al 11,5%, muy por encima del 3% correspondiente a precios y salarios. Se ha estimado que la sobrevaloración de dichos precios ascendía al 25% en España al llegar la crisis financiera de 2007, según una reciente publicación de la Comisión de la Union Europea.

Un aumento de los precios de la vivienda muy superior al de las rentas salariales convirtió en inaccesible a la vivienda en propiedad para amplios segmentos de la población española. Esta situación se complicaba por la estrechez crónica del parque de viviendas de alquiler en España. En 1997 el precio de mercado de una vivienda de 90 metros cuadrados construidos equivalía a 4,3 salarios medios anuales. Al llegar las elecciones generales de 2004 dicha relación había subido hasta los 7,6 salarios.

En dicha elección el PSOE presentó un amplio programa electoral de política de vivienda. La creación de un Ministerio de Vivienda en 2004 simbolizó la voluntad política de hacer frente al problema de la vivienda. Este se reflejaba en el excesivo esfuerzo preciso para acceder a una vivienda, que en 2004 superaba la tercera parte de los ingresos para la mayoría de los adquirentes. La proporción citada es el tope a partir del cual las entidades de crédito consideran que el prestatario es un posible moroso.

El nuevo Ministerio concentró sus energías en producir nuevos planes plurianuales de viviendas protegidas, en los que las viviendas de alquiler iban a tener un peso mas elevado que en el pasado. El nuevo Plan no apareció hasta el verano de 2005. En este mismo año se creó la Sociedad para el Alquiler, con el fin de aumentar la transparencia y la seguridad en el mercado de la vivienda de alquiler. La nueva Ley del Suelo se demoró hasta 2007, alargándose el desarrollo reglamentario de la misma. Se cumplía el programa pero con cierto retraso.

En 2007 se introdujo otra figura prevista en el programa citado, la ayuda directa a los arrendatarios, limitada a jóvenes entre 22 y 30 años, por una cuantía mensual de 210 euros durante cuatro años. En los Presupuestos Generales del Estado para 2008 se introdujo la desgravación fiscal al arrendatario. Se redujo así la ventaja tradicional de las viviendas en propiedad respecto de las de alquiler. Dicha equiparación se va a reforzar con la entrada en vigor de los Presupuestos de 2011.

El Plan de Vivienda 2005-2008 y el vigente Plan 2009-12 se han visto seriamente afectados en su implantación por el racionamiento de crédito que produjo la crisis financiera iniciada en 2007. Las viviendas protegidas no quedaron al margen de las restricciones, que fueron mayores para las viviendas protegidas de alquiler, menos atractivas para las entidades de crédito que las destinadas a la venta. En los dos últimos años parece haberse prestado más atención a la reducción del stock de viviendas de nueva construcción no vendidas que al objetivo tradicional de la política de vivienda.

Entre 2004 y 2010 casi todo ha cambiado en el mercado de vivienda. Frente a una situación de exceso de demanda como la de 2004, desde 2007 se ha vivido en España una situación de exceso de oferta. Los precios han descendido de forma moderada, mientras que las ventas y, sobre todo, la nueva oferta han sufrido retrocesos espectaculares. En esta situación los precios de las viviendas todavía quedan lejanos de los ingresos familiares de los hogares de nueva creación. El mercado ha cambiado, pero no lo han hecho los instrumentos de la política de vivienda, que tienen que integrarse en el marco de previsiones del mercado inmobiliario.

Para la política citada, como para el conjunto del gasto publico, llegó el tiempo del ajuste y de las economías. En el proyecto de presupuestos generales del Estado para 2011 las actuaciones ligadas a la política de vivienda tienen un coste previsto de de 7.627 millones de euros, el 0,71% del PIB, casi un 14% menos que en 2010. El 85% corresponde a ayudas fiscales indirectas. El ajuste se concentra sobre todo en las ayudas directas. Los menores recursos disponibles deben de contribuir a racionalizar las actuaciones de política de vivienda. Las ayudas tendrán que ser más selectivas, las nuevas viviendas protegidas deberán destinarse sobre todo al alquiler.

Con menos recursos y con notables tareas pendientes, la política de vivienda retorna al Ministerio donde casi siempre estuvo, ahora de Fomento y antes de Obras Públicas. De la experiencia del Ministerio de Vivienda entre 2004 y 2010 se pueden obtener enseñanzas que ayuden a racionalizar la política de vivienda. Es posible que tener claro lo que se pretende hacer con dicha política y explicar más y mejor lo que se está haciendo sean las mejores conclusiones de un tiempo que, como alguien dijo, “pasó y no ha sido”.



Julio Rodriguez es Doctor en Económicas y autor del libro “Políticas de vivienda en un contexto de exceso de oferta”, editado por la Fundación Alternativas.

05 octubre 2010

Un otoño de ajustes

Julio Rodríguez López

Desde el inicio de la crisis en 2007 la política económica del gobierno de España mantuvo un claro perfil anticiclico, que se prolongó hasta mayo de 2010. Desde este mes la política económica ha presentado un carácter a todas luces estabilizador, orientado sobre todo a la reducción del déficit de las administraciones públicas. El cambio citado en la política económica ha permitido un cierto alivio en la financiación exterior de las administraciones públicas y de las empresas financieras y no financieras.

El déficit público agregado de España superó el 11% en 2009. En un breve periodo de tiempo dicho déficit alcanzó un nivel especialmente elevado dentro de la eurozona. A pesar de su menor nivel relativo de deuda pública (sin embargo, la deuda exterior de España, pública y privada, se aproxima al 170 % del PIB), el Ecofin de la primera semana de mayo de 2010 forzó a España a acelerar el proceso de reducción del déficit previsto en el documento remitido a la Comisión de la UE en febrero de 2010.

La compleja situación exterior de España se manifestó en el diferencial de tipos de la deuda española con la deuda alemana. Dicho diferencial se acentuó en la primavera de 2010, pasando desde el 0,84% de abril de 2010 al 1,35% en mayo y al 1,93% en junio, en el caso de la deuda a diez años. Ello indica la presencia de una fuerte desconfianza respecto del rigor de la política económica desarrollada hasta dicho momento, lo que dificultó la colocación de todo tipo de deuda española en los mercados de capitales.

La situación de la deuda española cambió después de junio, tras la publicación de los resultados de los denominados “tests de stress bancario”, de los que se ha derivado la realidad de una posición relativamente sólida de las entidades de crédito de España en el contexto comunitario. A pesar del alivio registrado en los mercados de deuda, la situación de los mismos para la eurozona es de acusada inestabilidad, como se ha comprobado en septiembre con motivo del empeoramiento de la situación de Irlanda.

La mejoría de la posición de España se ha derivado, pues, de las medidas adoptadas de carácter acusadamente estabilizador desde mayo de 2010. Destacan las de reducción del déficit publico mediante la disminución de los salarios de los funcionarios (-5% desde julio de 2010) y de las inversiones públicas en unos 6.500 millones de euros, junto a la congelación de las pensiones en 2011, además de una elevación significativa de la imposición indirecta (IVA y Rentas del Capital) ( RDLey 8/2010 de 20 de mayo).

También destaca la reforma de la normativa de cajas de ahorros, con la que se pretende reforzar los recursos propios de dichas entidades y facilitar su transformación en bancos, disminuyendo la presencia de representantes políticos en sus órganos de gobierno (RDLey 11/2010, de 9 de julio). La medida de mayor impacto social ha sido la de reforma del mercado de trabajo (Ley 36/2010, de 17 de septiembre). Esta norma reduce el coste del despido de los trabajadores por parte de las empresas y facilita la reducción de plantilla con unas meras expectativas de reducción de los ingresos empresariales.

El Acuerdo de Consejo de Ministros de 28.5.2010 aceleró la reducción del déficit de las administraciones Públicas, que en 2010-11 se quedaría en el 9,3% en 2010 y en el 6% del PIB en 2011. El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2011 ha recogido los nuevos objetivos de estabilidad presupuestaria citados y ha materializado las medidas anticipadas en mayo, caso de la reducción de las inversiones públicas y de los salarios de los funcionarios, junto a la congelación de la mayor parte de las pensiones en 2011. El proyecto incluye la elevación del tipo del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas para los tramos de renta superiores a 125.000 euros anuales y la modificación del tratamiento fiscal de las Sicav.

La previsión de los Presupuestos Generales del Estado es de un crecimiento del PIB del 1,3% en 2011.Ello contrasta con la realizada por la Fundación Funcas, según la cual dicho crecimiento seria solo del 0,4%. Para dichos Presupuestos, en 2011 el consumo de los hogares crecería a un ritmo del 1,6% y el empleo aumentaría en un 0,3%, mientras que, según Funcas, ambas magnitudes registrarían nuevos descensos en dicho año. La previsión del gobierno para 2011 parece un tanto optimista, circunstancia que puede no favorecer la imagen externa de España a efectos de los temidos mercados internacionales de deuda. Un ritmo de crecimiento significativo parece todavía distante en España para 2011, aunque sin el mismo se reforzarán las tensiones políticas y financieras.

(El Siglo, 4 de octubre de 2010)

21 septiembre 2010

Septiembre, el pueblo queda atrás

Julio Rodríguez López

Las noches agosteñas fueron muy calurosas en el pueblo este verano. El sol fuerte hacía imposible pasear si no se madrugaba. Por las noches apenas bajaba la temperatura en la costa. El levante es el viento predominante, el viento del calor. Quedan ya lejanos aquellos temporales prolongados de viento de poniente de antaño, que incomodaban al refrescar en exceso el agua del mar, pero que despejaban la atmosfera y que hasta permitían se recuperase el color de las cosas.

Sin embargo, no se advierte apenas preocupación por dicha evolución del clima entre la opinión publicada de aquella tierra. Se dice que los ingleses no se sienten mal con el recalentamiento que conlleva el cambio climático, pero en el sur de España las temperaturas resultan ahora elevadas en exceso durante buena parte del año. Se aprecia, por otra parte que, con la crisis, la gente del pueblo está algo mas tranquila que en los años del “boom”. Hay menos motoristas haciendo el caballito en los semáforos, no se ven cochecitos de 4 ruedas para tontear entre el tráfico y ha bajado la densidad de coches-discoteca. Nada de cadenas ni anillos de oro al pecho del personal en los bares ni signos de riqueza rápida (“iba el otro dia por la cuesta de la playa con mi Audi...”). Las playas estuvieron llenas de gente en agosto, pero el consumo en bares y chiringuitos estaba por debajo de los niveles habituales en años precedentes. No deja de sorprender la aparente calma y paz social que se “disfruta “a la vista del elevado desempleo que afecta al pueblo.

Los datos de afiliados en alta a la Seguridad Social han descendido en la ciudad en casi un 20% desde el inicio de la crisis en 2007 (www.seg-social.es). El dato en cuestión no parece crear inquietud entre el personal. Ha sido noticia que en un pueblo de la provincia más de la mitad de la población han marchado a Francia en septiembre de 2010 durante unos 40 días para trabajar alli en la vendimia, ante los sueldos razonables que se pagan y ante la absoluta falta de oportunidades de empleo por estos parajes. En general, resulta cómodo atribuir, lejos de Madrid, al gobierno de España y al presidente Zapatero la responsabilidad por la evolución del mercado de trabajo en los últimos tres años. Parece que los gobiernos local y autonómico del entorno no tuviesen nada que hacer en materia de creación de empleos, como si no hubiesen contribuido de alguna forma a la presente situación.

La impresión inicial es que el gobierno autónomo está más empeñado en demostrar su autoridad que en dinamizar la economía. Al inicio de la autonomía, allá por los años ochenta, se pretendía aproximar el nivel de desarrollo a la media de España. Se hablaba entonces de industrializar la región, de aprovechar más intensamente el enorme potencial agrícola de la misma. El primer presidente de la autonomía hizo hasta un viaje a las comarcas más deprimidas en el otoño de 1982 para conocer sobre el terreno la situación de las mismas. Resultaba entonces urgente, antes de la llegada de las competencias desde Madrid, proceder a realizar planes de inversiones públicas que mejorasen las infraestructuras y que de camino creasen empleos.

Desde el inicio de los años ochenta hasta 2010 el entorno general ha mejorado en todos los niveles. Las capitales de provincia ofrecen un panorama muy mejorado de edificios céntricos rehabilitados y las carreteras no tienen nada que ver con las del pasado. Los jóvenes universitarios celebran hasta competiciones de botellón, sobre todo a partir de la llegada de la primavera. Por las calles se advierte la presencia abundante de población inmigrante, destacando en el sur la relativa mayor presencia de árabes y de rusos. Son frecuentes en el pueblo las historias de separaciones matrimoniales en las que alguna rusa aparece por medio. Pero la crisis que ya dura tres años ha supuesto un importante paso atrás. Lo que eran antes vegas fértiles, destinadas a la producción agrícola, hoy estan llenas de matojos y de todo tipo de hierbas, indicio del abandono de la actividad agrícola. Hay tan poca industria como siempre.

Por el ventanal de una casa situada en la periferia el paisaje deja ver unos terrenos abandonados, en los que se anuncia desde hace cuatro años una futura promoción de nuevas viviendas. La propietaria de la vivienda recuerda que en dicho terreno vio sucederse en el pasado abundantes cosechas de caña de azúcar y disfrutó mas tarde de la visión de generosos huertos de de chirimoyas. Los arboles desaparecieron para construir nuevas viviendas. Se espera llegue la siguiente recuperación del ladrillo. La agricultura desaparece porque no resulta rentable, ni crece el ladrillo porque las viviendas no se venden. Un importante intermediario de productos agrícolas llevó este verano en avión a toda su familia a Marruecos para que conociesen las grandes explotaciones agrícolas que alli ha instalado.

El panorama sería perfecto si en el pueblo de origen hubiese otros empleos y actividades, pero lo que ha quedado tras la crisis es un enorme vacío económico. Sorprende el esfuerzo desplegado por algunas administraciones públicas para que los empresarios del sur inviertan en Marruecos, cuando la tasa de desempleo por estos parajes se aproxima al 30% de los activos. Una nueva presa próxima al pueblo lleva cinco años terminada sin que se sepa a que se va a destinar el agua almacenada y no se ha realizado hasta ahora ningún tipo de canalización para el uso de la importante cantidad de agua remansada. No todo depende de Zapatero.

(El Siglo, 20 de septiembre de 2010)

10 septiembre 2010

Europa, a dos velocidades

Julio Rodríguez López

La Comisión Europea comunicó a mediados de agosto que el crecimiento intertrimestral de la economía de la eurozona fue del 1% en el segundo trimestre de 2010, mientras que el crecimiento interanual ascendió al 1,7% en el mismo trimestre. Los ritmos mayores de crecimiento intertrimestral fueron los de Alemania (2,2%), Holanda y Austria (0,9%), mientras que los más reducidos correspondieron a Grecia (-1,5%), España y Portugal (0,2%).

Se ha puesto de manifiesto que cuando la Eurozona estaba atravesando los momentos más difíciles desde su creación, en mayo y junio de 2010, con motivo de la crisis de la deuda de algunos países integrantes, se estaban produciendo en dicha área económica los mayores ritmos de crecimiento desde su creación. Se ha advertido asimismo la realidad de ”dos velocidades” en la eurozona, correspondiendo el mayor empuje a los países del núcleo inicial de la Comunidad Económica europea, excluida Italia, mientras que el menor dinamismo es el de los países periféricos del sur, a los que se añadiría Irlanda, destacando la peor posición de Grecia.

La devaluación del euro registrada en los momentos peores de la crisis de la deuda ayudó a que toda la Eurozona creciese más en el segundo trimestre de 2010. En dicho trimestre un amplio grupo de países integrantes pusieron en marcha importantes ajustes fiscales, que tendrán una influencia negativa sobre el crecimiento en el tercer trimestre del año.

La Eurozona creció en el segundo trimestre a un ritmo superior al de Estados Unidos (0,6%), influida de forma decisiva por el fuerte empuje de Alemania, que registró la tasa de crecimiento intertrimestral mas elevada desde la reunificación de dicho país. La expansión de las exportaciones alemanas se realizó hacia el resto de la Eurozona, así como al resto del mundo, donde las ventas de maquinaria alemana siguen teniendo buen mercado, en especial entre los países emergentes asiáticos.

La economía española creció a un ritmo intertrimestral del 0,2% en el segundo trimestre de 2010, mientras que la tasa interanual siguió siendo negativa (-0,2%). El consumo de los hogares se mostró más dinámico, aunque alguno de los factores estimulantes dejará de actuar en los trimestres siguientes, como es el caso del adelanto de las compras de automóviles ante la subida del IVA desde el primer día de julio.

Las medidas de ajuste fiscal introducidas por el gobierno en 2010, sobre todo las correspondientes al Real Decreto –Ley 8/2010, tendrán una influencia negativa de casi un punto porcentual del PIB en 2010. Destacan las del recorte de los salarios de funcionarios y de la inversión pública. En algunos puntos de España el anuncio de tales recortes está dejándose sentir en forma de despidos de los empleados en la construcción de algunas obras civiles, lo que no ayudará precisamente a estimular la demanda interna.

El anuncio de que el gobierno podría moderar el recorte en las inversiones públicas provocó nuevos aumentos en el diferencial de la deuda española respecto de la alemana. La agencia Bloomberg comentó que Cataluña, que supone el 20% del PIB de España, no ha podido captar recursos en los mercados de deuda desde marzo de 2010, y que el diferencial que paga por su emisiones ha llegado a triplicar al del gobierno de España en este año.

Las exportaciones han tenido en España un comportamiento positivo en los dos primeros trimestres de 2010. Pero la mayor tensión de la demanda interna empujó de forma destacada a las importaciones. Parece que no hará falta que la economía española crezca mucho para que el déficit exterior se dispare de nuevo. El crecimiento económico español en el futuro dependerá de forma sustancial de la capacidad de competir de su economía, tanto dentro como fuera de España.

La construcción debe de volver a crecer para aportar un “suelo” a la economía española. La licitación pública supone casi un tercio de la construcción no residencial en España. Los ajustes anti-déficit de dicha variable frenarán el crecimiento del componente de obra civil. La construcción residencial no ofrece indicios de recuperación de la oferta, a la vista del 30% de retroceso de los visados de obra nueva en los cinco primeros meses del año.

El que Alemania haya registrado una importante tasa de crecimiento en el segundo trimestre no deja de ser una buena noticia, por su potencial incidencia positiva sobre las estancadas economías de los países periféricos de la Eurozona. En España será imprescindible combinar el rigor con el apoyo a la dinamización de la economía. Será asimismo preciso despejar la pesada duda que se ha instalado en los mercados de deuda acerca de si el gobierno de España podrá hacer frente a los compromisos fiscales asumidos con las 17 autonomías. La debilidad de estas últimas a la hora de endeudarse es más que patente, así como también se está complicando la situación en unos ayuntamientos que en bastantes aspectos parecen haber vivido en otra galaxia.

(El Siglo, 6 de septiembre de 2010)

21 julio 2010

Una cifra relevante: el stock de viviendas nuevas no vendidas

Julio Rodríguez López

En los análisis de la situación económica española hay una cifra que surge con frecuencia. Se trata del total de viviendas de nueva construcción no vendidas. El total estimado incide en principio sobre la situación de las entidades de crédito. La mayoría de las promociones de nuevas viviendas se han construido con recursos aportados mediante créditos bancarios. El que las viviendas no se vendan hace que la empresa promotora aparezca como morosa ante la entidad que la financió. Esta realidad incide sobre la calidad del balance del banco o caja de ahorros que financió la promoción, afectando a sus resultados.

En segundo lugar, la realidad de un stock importante de viviendas de nueva construcción no vendidas influye en el mercado de viviendas. Dicha situación revela que hay un exceso de oferta en dicho mercado, lo que provoca que los promotores no inicien nuevas viviendas. Además, la presencia de un stock importante de viviendas nuevas sin vender mueve a la baja a los precios. En las siete provincias españolas en las que han tenido lugar descensos de precios mas significativos (-16%) desde el inicio de la crisis en 2008 (Guadalajara, Toledo, Huesca, Alicante, Málaga, Las Palmas y Murcia) el stock de viviendas registró los mayores aumentos entre 2001 y 2008 (30%). Dichas provincias presentaron unos niveles de stocks de viviendas nuevas no vendidas por habitante por encima de la media de España.

Las estimaciones del stock citado en España se han realizado hasta el momento de forma indirecta, pues no se ha efectuado ninguna estimación directa que confirme dicha realidad. El método mas utilizado ha consistido en restar de las viviendas terminadas en un periodo de tiempo, como es el caso del transcurrido entre 2005 y 2009, las viviendas de nueva construcción vendidas. Las primeras diferencias entre las estimaciones surgen según los indicadores empleados, puesto que dichas magnitudes se pueden aproximar en España según distintos indicadores.

Una segunda fuente de discrepancia aparece con la cuestión de la autoconstrucción, efectuada por promotores individuales o por cooperativas. Se han realizado estimaciones del stock citado en las que se ha considerado que dichas viviendas se han vendido, supuesto que resulta discutible como mínimo. A partir de dicho supuesto los resultados obtenidos reducen el alcance del stock en cuestión.

Entre 2005 y 2009 se terminaron en España 2.753.600 viviendas, según las certificaciones de fin de obras de los aparejadores. Los datos de origen los publica cada mes el Ministerio de Fomento. En el mismo periodo de tiempo las viviendas de nueva construcción vendidas ascendieron a 1.647.300, según la estadística mensual de compraventas de viviendas registradas del INE. De lo anterior se deriva que a fines de 2009 habia en España un stock de viviendas no vendidas que ascendía a 1.106.300, unas 24,3 viviendas por cada mil habitantes. Dicho total equivalía al 4,5% del parque de viviendas de España, situado en 25,5 millones de viviendas en la misma fecha.

Si el total de viviendas no vendidas se relaciona con el número de habitantes, Castilla-La Mancha aparece como la autonomía relativamente mas cargada de viviendas sin vender, con 52,9 viviendas no vendidas por cada mil habitantes, seguida de Murcia (46,5) y Valencia (41,2). Los menores niveles relativos del stock de viviendas nuevas no vendidas serían los de Extremadura (2,1), Canarias (3,7) y Baleares (8,1).

Los datos anteriores confirman que los mayores excesos de construcción residencial tuvieron lugar en el denominado “arco mediterráneo” (Valencia y Murcia), junto a alguna provincia andaluza como Málaga, y en la periferia de Madrid, donde los mayores excesos han sido los de Toledo y Guadalajara. Otras estimaciones alternativas han deducido del total citado todas las viviendas terminadas procedentes de autopromociones y de cooperativas, con lo que el stock en cuestión se situaría en algo menos de 700.000 viviendas.

En todo caso se trataría de una estimación de mínimos. No se exagera al decir que en España, a fines de 2009, habia un número de viviendas nuevas sin vender cuyo total oscilaba entre 700.000 y 1.200.000 (entre el 2,7% y el 4,5% del parque de viviendas).

2007 y 2008 fueron los años en los que se efectuaron las mayores aportaciones al stock citado de viviendas no vendidas, con una media anual de “excedentes” de alrededor de 320.000 viviendas. En 2010 la mejoría del ritmo de ventas de viviendas, que han crecido en un 11,5% sobre el año anterior en el periodo enero-mayo, unida al fuerte descenso de la nueva construcción en 2008 y 2009 va a frenar el aumento del total de viviendas no vendidas. Dicho total podría llegar a retroceder en este ejercicio a la vista de las estimaciones más conservadoras antes mencionadas y si persiste la tendencia apuntada en el resto del año.

El modelo de crecimiento, que no de desarrollo, seguido en España entre 1997 y 2007 no parece haber cambiado. Son mas que numerosos los ayuntamientos que estan esperando la “resurrección del ladrillo” para volver a las andadas en cuanto se disponga de financiación crediticia abundante. El cambio de modelo productivo no deja de ser todavía una abstracción, por más que se le eche la culpa de los excesos al mercado de trabajo.

(El siglo, 19.7.2010)

16 julio 2010

Sobre el futuro de los precios de la vivienda en España

Julio Rodríguez López

Los precios son el indicador más representativo de la situación de cualquier mercado. Sin embargo, en el caso de la vivienda en España el ajuste de la fase de recesión ha descansado en el descenso de las ventas y en la abrupta caída de las viviendas iniciadas. El retroceso de los precios de la vivienda parece haber sido muy moderado en este caso, si se le compara con lo sucedido en países en los que dicho mercado ha sufrido un ajuste equivalente al de España. En 2010 subsiste la duda acerca de si los precios de la vivienda en España van a retroceder mas respecto de los niveles alcanzados o si van a volver a aumentar en breve plazo.

Entre 2007 y 2009 las ventas de viviendas descendieron en España en un 47,6%, las viviendas iniciadas retrocedieron en un 83%, mientras que los precios de las viviendas (cuarto trimestre) disminuyeron en un 9,3%. El ajuste derivado del descenso de la demanda se ha concentrado sobre todo en la disminución de la nueva oferta de viviendas, lo que ha afectado de forma muy negativa a la situación del empleo en España. Los precios de las viviendas han continuado descendiendo en 2010. El dato relevante es el de la variación registrada entre el punto más alto de dicho indicador (primer trimestre de 2008) y el más reducido (primer trimestre de 2010), que ha sido del -11,2%.

El recorrido ha sido el mismo para el indicador trimestral de precios de vivienda del INE. En cambio, fue más acusado para el indicador de la importante empresa tasadora Tinsa, en la que el descenso en cuestión ha sido del -16,6%. En todo caso las imperfecciones habituales de las estadísticas de precios de viviendas (el continuo cambio en las viviendas que se venden es el problema metodológico mas serio) dejan dudas sobre la intensidad real del descenso de viviendas en España en la fase de recesión de dicho mercado.

Las ventas de viviendas crecieron en España en un 11,4% entre enero y abril de 2010 sobre el mismo periodo del año precedente. A dicho aumento contribuyeron la recuperación de los préstamos a comprador de viviendas y los bajos tipos de interés vigentes en los préstamos a comprador. Estos últimos han alcanzado los niveles mas reducidos de la historia económica de España, un 2,67% en mayo de 2010. Una vez “controladas” las promociones no vendidas por las entidades financiadoras, parece haber sido mas fluido el ritmo de los nuevos préstamos.

De continuar dicha recuperación en el resto de 2010, el mercado de la vivienda en España habría dejado atrás una fase de postración de algo más de dos años. Entre el primer trimestre de 2008 y el mismo periodo de 2010 los descensos de los precios de la vivienda han variado entre los distintos territorios. El “arco mediterráneo” (Murcia y Valencia), las islas, junto a Madrid y Castilla-La Mancha, han registrado los mayores descensos. Los territorios más distantes de Madrid y de las costas están sufriendo los menores descensos de precios.

En el alcance del retroceso de los precios de la vivienda han desempeñado un papel trascendente la evolución del empleo y la intensidad con la que creció el parque de viviendas en la fase de auge. Esto es coherente con el nivel del stock de viviendas de nueva construcción no vendidas. La dimensión de dicho stock oscila en España entre algo menos de 700.000 viviendas y 1.100.000, según los supuestos que se establezcan para su estimación.

En las siete provincias (Guadalajara, Toledo, Huesca, Alicante, Málaga, Las Palmas y Murcia) con mayor caída de los precios (-16,1% en promedio) el parque de viviendas habia aumentado en un 30% entre 2001 y 2008, segun las estimaciones publicadas por el Ministerio de Vivienda. El descenso del empleo en dichas provincias (-10,1%) solo fue ligeramente superior a la media de España (-9,8%). La sobreoferta local de viviendas es el factor que más “tira “pará abajo de los precios, mientras que las caídas del empleo parecen haber ejercido una incidencia menos acusada. Se construyó masivamente para inversores, al margen de la situación de la demanda en los lugares de construcción.

La tendencia mundial en 2010 ha sido de recuperación del mercado y de los precios de la vivienda. En Europa dicha tendencia ha sido menos clara, destacando los notables aumentos nominales de Finlandia, Noruega, Suecia y Reino Unido, países en los que no habia tenido lugar una sobreoferta comparable con el caso de España durante la fase de auge. En Europa Occidental, Irlanda es el país que presenta una situación mas deprimida, a la vista del descenso interanual del primer trimestre (-18,9%).

Los bajos tipos de interés, la recuperación gradual del ritmo de concesión de nuevos préstamos, la mejora de la accesibilidad para los hogares con empleo y el fin de la desgravación fiscal para los hogares con ingresos superiores a 24.000 euros desde 1.1.2011 pueden contribuir a una elevación moderada de la demanda y de los precios de la vivienda en España en la segunda mitad de 2010. Sin embargo, los cambios en la regulación de los activos inmobiliarios en poder de las entidades de crédito pueden acrecentar la propensión a la venta de dichos activos por parte de dichas entidades. Junto a ello, el poco entonado clima económico general y la existencia de un amplio stock de viviendas sin vender pueden provocar nuevos descensos en los precios de las viviendas.

(Público, 16.7.2010)


07 julio 2010

Política económica y empleo

Julio Rodríguez López
Tras las medidas de ajuste del gasto público de mayo de 2010, en junio llegó la primera fase de la reforma del mercado de trabajo. La segunda se desarrollará en el verano, cuando el Real Decreto –ley 10/2010 "de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo" (BOE de 17 de junio de 2010) pase por el Parlamento. Todo apunta a que su contenido puede ser objeto de endurecimientos adicionales en la reforma iniciada del mercado de trabajo en España. Antes de que se negocie en el marco del Pacto de Toledo la reforma propuesta del sistema de pensiones, alargando la edad de jubilación, han surgido nuevos nubarrones sobre la normalización del desenvolvimiento de la economía española.
Los ajustes presupuestarios a la baja se han acumulado entre los países de la Unión Europea. Dicha circunstancia recortará la demanda global de la economía. Las persistentes dificultades de financiación externa de las entidades de crédito de dicha área económica, entre ellas las españolas, no facilitarán el logro de un ritmo más dinámico de aumento del crédito bancario.
La Comisión de la Unión Europea ha exigido al Gobierno español la garantía de que el déficit de todas las administraciones públicas no pasará del 6 por ciento del PIB en 2011. Esto implica un recorte del gasto muy superior al contemplado en la previsión de déficit del 7,5 por ciento recogida en el Plan de Estabilidad del gobierno de febrero de este año. El contexto general de la economía europea es, pues, de ajuste fiscal. Ahora dominan los halcones del déficit. Ante el perfil restrictivo de las políticas económicas las exportaciones a países de fuera de la UE son la principal válvula de escape de la de-manda, lo que exige mejorar la competitividad con carácter urgente. La crisis fue primero financiera y provocó un fuerte racionamiento del crédito. En principio pinchó la burbuja inmobiliaria y después pasó a otros sectores productivos, como fue el caso de la industria. Después, en 2010, llegó la crisis de la deuda, en la que en España domina la deuda privada. Pero el ascenso del déficit público hasta el 11,2 por ciento del PIB en 2009 ha complicado la posición global de la economía española ante los mercados de capitales.
Una actualización de la normativa laboral, aproximándola más a los modelos dominantes en los países del norte de Europa, parecía conveniente para facilitar la mejora de la competitividad y contribuir a la salida de la crisis. Llama la atención que en la exposición de motivos del Real Decreto-Ley 10/2010 los males de la economía española parezcan descansar en el vigente modelo de relaciones laborales. Primero se alude a la influencia negativa sobre el empleo de la "estructura productiva del crecimiento económico", concepto no demasiado claro. En un párrafo posterior dicho texto legal declara sin reservas que el modelo de relaciones laborales "ha generado la rápida destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo".
Desde el inicio de la crisis, a partir del último trimestre de 2007, el empleo en España, medido por la estadística de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo de la Contabilidad Nacional Trimestral del INE, ha descendido en 1.847.900, casi un 10 por ciento del total inicial. Los descensos más acusados han tenido lugar en los sectores de la construcción (-1.038.300, el 56,2 por ciento del descenso total) y de la industria (-489.700, el 26,5 porciento). Llama la atención el aumento neto registrado en los empleos de los "servicios no de mercado", que crecieron en más de 89.000, correspondientes sobre todo al incremento del empleo público en las comunidades autónomas.
Como los servicios inmobiliarios tienen un peso sensible dentro del sector de los servicios, se puede aproximar que el 65 por ciento de la caída del empleo en España, desde el inicio de la crisis, se deriva del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y del retroceso del resto de la construcción. La sobreoferta de viviendas, que llevó a construir en 1997-2007 más de dos millones de viviendas por encima de la creación de hogares, no la provocó el citado modelo de relaciones laborales. Además, dicho exceso de oferta tiene bastante relación, no sólo con el empleo destruido, sino también con el origen de las presentes dificultades de refinanciación de las entidades de crédito españolas en los mercados de capitales.
Un trabajo de José María Zufiaur (Sin Permiso, revista digital, 28 de junio de 2010) subraya cómo las reformas laborales impuestas desvían la atención de las cuestiones reales que lastran la productividad española, "especialmente la creencia de que se puede separar radicalmente el modelo laboral del modelo productivo y del modelo social". Fn 2009 la construcción supuso el 10,7 por ciento del valor añadido total de España, más de cuatro puntos por encima de la proporción correspondiente a la Eurozona. Cabe preguntarse si el modelo económico subyacente a la citada exposición de motivos tuvo en cuenta dicha circunstancia a la hora de analizar las causas de la caída del empleo en España.
Publicado en El Siglo Julio de 2010

06 julio 2010

Zapatero ya tiene su reforma laboral



José María Zufiaur

Durante seis años Zapatero ha dado la impresión de que quería que una de las señas de identidad de su paso por la Presidencia del Gobierno fuera la de diferenciarse de sus predecesores González y Aznar Él no iba a imponer ninguna reforma laboral sin el consenso de los interlocutores sociales y, por tanto, tampoco a él le iban a declarar los sindicatos una huelga general. Al final ha entrado a formar parte del mismo club. Ahora sí que se puede decir que Zapatero no está sólo. Le arropan quienes en el PSOE hicieron las anteriores reformas laborales y recibe los parabienes de Obama, del Fondo Monetario Internacional, del Consejo Europeo. De tal manera que, muy acorde con su tendencia a ser el campeón mundial de lo que emprenda, parece decidido a llegar más allá que nadie en la reforma laboral, en la de la negociación colectiva, en la del desempleo y en la de las pensiones.

Esta reforma, aprobada ya por Real Decreto Ley, tendrá, más allá de sus contenidos concretos (que seguramente acentuarán su carácter regresivo en el trámite del decreto como proyecto de Ley), cinco características comunes con las anteriores que se han venido sucediendo desde 1984. Tampoco en esto Zapatero se va a diferenciar de sus predecesores.

La primera, que los ultraliberales la van a considerar insuficiente. Los demandantes de la “verdadera reforma laboral” en España no van a cejar en su empeño. Nunca van a estar satisfechos con nada que no sea el despido cuasi gratis y sin justificación, la reducción del derecho laboral a su mínima expresión y la individualización de las relaciones laborales. Se mostrarán insatisfechos con esta reforma – aunque sean sus inspiradores – e insistirán en que no hay que llegar a una próxima crisis para volver a la carga. No ha hecho falta esperar mucho para comprobarlo: el Gobernador del Banco de España, tras haberse erigido durante meses en el adalid de los trabajadores temporales y de haber justificado la reforma en la necesidad de acabar con la dualidad de nuestro mercado laboral, critica ahora la más mínima modificación de la actual regulación de los contratos temporales. No le preocupa, pese a los cuatro millones seiscientos mil parados, abaratar y facilitar el despido pero descalifica con dureza que se establezca un plazo de cuatro años para los contratos de obra o servicio y se amplíe - ¡a lo largo de cinco años! – de 8 a 12 días la indemnización de los temporales.

Como en otras ocasiones, esta reforma se va a añadir y a superponer a las anteriores y no va a arreglar los defectos que las mismas tenían. Ni, por supuesto, va a arreglar los males que arrastra nuestro modelo laboral. No hay más que ver cómo tras las sucesivas reformas, recortes y abaratamientos, en cada crisis son más graves nuestros problemas. Una vez más, lo que conseguirá es abaratar y facilitar más el despido y precarizar más las relaciones de trabajo.

Tampoco espero, por lo tanto, que esta reforma colme los objetivos que proclama. El resultado de todas las grandes reformas anteriores – en 1984, en 1994, en 2002 – fue totalmente distinto al que expresaban sus exposiciones de motivos. La de 1984, fundamentada en el demoledor principio de que “es mejor un empleo precario que ninguno” pretendía ser coyuntural y, sin embargo, la precariedad laboral se ha convertido en un cáncer estructural. La del 94, inspirada en un modelo italiano que ya había periclitado en Italia diez años antes, quería debilitar la ley para fortalecer la negociación colectiva y someter la temporalidad al principio de causalidad. Pero la ley se debilitó sin apenas fortalecer la negociación colectiva y la temporalidad siguió campando por encima del 30%. El Decretazo de Aznar, en 2002, decía buscar una modernización del mercado de trabajo, evitar la segmentación laboral y reducir la temporalidad. Auque, en realidad, lo que consiguió fue propiciar los despidos improcedentes y lograr (mediante el llamado “despido exprés”, facilitado por la eliminación de los salarios de tramitación) que el volumen de despidos de los trabajadores fijos se acercara al de las finalizaciones de contrato de los eventuales. No sólo los trabajadores españoles son más precarios que antes y el desempleo, en momentos de crisis, crece más que en ningún lado. Además, y a título de ejemplo, el 11% de los trabajadores españoles (tres puntos más que la media europea) tienen ingresos por debajo del umbral de pobreza y el 60% no llega a ser “mileurista”; el nuestro, es uno de los países europeos en los que más ha aumentado la jornada real de trabajo; y la temporalidad entre los jóvenes menores de 30 años ha alcanzado porcentajes del 53% antes del inicio de la crisis y la tasa de paro de este colectivo alcanza actualmente el 40%.

En cuarto lugar, todas las reformas, incluida la actual, tienen en común que responden más a la exigencia de un apriorismo ideológico que al resultado de un análisis reposado, documentado, contrastado y compartido de la realidad de nuestro mercado laboral. Sobre todo, son fruto de esquemas teóricos que, contra lo que mantienen sus autores, desconocen y son ajenos a la realidad de nuestro mercado de trabajo. Se parte de premisas apriorísticas que son, cuando menos, muy discutibles. A título de ejemplo, la idea de que España ha mantenido durante los años de expansión una mayor tasa de paro, como consecuencia del modelo laboral. No se repara en otras causas, como la fuerte incorporación de personas a nuestra población activa, muy superior a la de cualquiera de los países de nuestro entorno. O la afirmación de que nuestro mercado de trabajo es muy rígido, cuando el último informe sobre el Empleo en Europa, de 2009, señala que somos los primeros en tasas de contratación, los terceros en tasa de despidos y los segundos en tasa de rotación del empleo. En la misma línea se enmarca la idea de que las empresas están absolutamente encorsetadas y condicionadas por los ámbitos de negociación superiores a los de la empresa. Cuando, en realidad, en muchos sectores no existe convenio estatal y los contenidos de los convenios supraempresariales son absolutamente exiguos (una tabla de salarios mínimos muy alejados de los que pagan las empresas, delimitación de la jornada máxima anual y un corto repertorio de cuestiones que, por genéricas, no condicionan apenas la gestión empresarial).

En fin, el problema de todas las reformas laborales, sobre todo de las impuestas, ha sido que, obsesionados por el coste monetario del despido, desvían la atención de las cuestiones reales que lastran nuestra productividad: la insuficiente formación de nuestros trabajadores; la escasa capitalización de nuestras empresas; la deficiente modernización en los procesos productivos; la falta de una política de innovación, sobre todo en el sector privado; la ausencia de política industrial; la inflación de precios en el sector de servicios, inflación que también hay que achacar a los incomparables márgenes de beneficios de nuestras empresas; el raquitismo de nuestras políticas activas de empleo; el propio carácter precario, mal retribuido, segmentado de nuestro modelo laboral. Y, especialmente, la creencia de que se puede separar radicalmente el modelo laboral del modelo productivo y del modelo social. Si los países escandinavos tienen un modelo productivo más competitivo y un modelo social más cohesionado es porque la presencia de sindicatos realmente fuertes conllevó desde el inicio la apuesta por un modelo laboral más estable, igualitario y con poder en la empresa y en la sociedad. La práctica inmutabilidad de ese modelo laboral facilitó una poderosa negociación cooperativa entre empresas y trabajadores y un gran esfuerzo de ambas partes para conseguir un alto grado de competitividad. Una vez más, la mayor equivocación de esta reforma laboral va a consistir en creer que es posible desarrollar una economía sostenible, competitiva y de primera división con un modelo laboral cada vez más precario y tercermundista. Considerar que el modelo laboral y el modelo productivo no se interrelacionan mutuamente es un grave y oneroso error que nos persigue a lo largo de muchas décadas.

Tres son, de momento, los grandes apartados de la reforma que se acaba de aprobar: 1) rebaja drásticamente el precio del despido, en sus distintas formulaciones; 2) modifica de manera muy significativa las causas para los despidos objetivos por causas económicas, tecnológicas, organizativas o de producción; 3) se permite la entrada de las Empresas de trabajo temporal (ETT) en sectores sensibles y de riesgo, como la construcción y las Administraciones públicas y se liberalizan las agencias privadas de colocación.

El despido/los despidos, se abaratan. El coste para las empresas de las distintas modalidades de despido de los contratos fijos se reducirá en 8 días. Esa rebaja la pagará el Fondo de Garantía Salarial. Nominalmente los trabajadores seguirán cobrando las mismas indemnizaciones que antes. Pero, al generalizarse los contratos de fomento de la contratación indefinida, todos los nuevos contratados percibirán en el futuro una indemnización por despido improcedente muy inferior a la actual.

Los improcedentes de 45 días por año y un tope de 42 mensualidades – que con la generalización de los improcedentes con un coste de 25 días se irán amortizando con el tiempo o, simplemente, en la siguiente reforma se eliminarán – costarán 8 días menos. Los contratos de fomento de la contratación indefinida, de 33 días de indemnización, costarán 25 días, con un tope de 24 mensualidades. El “despido exprés” – es decir, la aceptación por el empresario de la improcedencia del despido y el adelanto del montante de la indemnización, evitando los salarios de tramitación y convirtiendo en superflua la intervención judicial – se mantiene. Los despidos objetivos del art. 52 c del Estatuto de los Trabajadores pasarán a costarle al empresario 12 días por año. También en los despidos colectivos se reduce la indemnización de 20 a 12 días. Conclusiones: el abaratamiento del despido para las empresas favorecerá que haya más despidos; y aunque, formalmente, el trabajador seguirá cobrando 45, 33 o 20 días, al menos para un 40% del mercado de trabajo la indemnización por despido será en el futuro mucho menor.

Además, se modifican las causas del despido, recogidas en el art. 51 del ET, para todos los trabajadores, tanto antiguos como nuevos. No se llega a establecer, como demandan algunos, que “las causas de la extinción del contrato por causas objetivas sean las que determine el empresario”. Pero se avanza en esa vía. En las causas económicas a la “situación negativa” se añade la doctrina de la “mínima razonabilidad”. Lo que, probablemente, reducirá el margen de interpretación de los jueces para impedir que tengan en consideración situaciones continuadas de pérdidas, volumen de los despidos, etc. Este mismo principio de la “mínima razonabilidad” se aplica en los supuestos de despidos objetivos por causas tecnológicas, organizativas o de producción. Aunque los medios de comunicación no se han centrado en ello, las modificaciones en este tipo de despidos – ya no se van a vincular estos supuestos a la situación económica negativa de las empresas y bastará con que se produzcan en esos conceptos simplemente “cambios” muy indeterminados - pueden tener consecuencias más devastadoras que en el caso de los despidos por causas económicas.

En este apartado – en realidad adelantando aspectos muy vinculados con la reforma de la negociación colectiva que se reclama – hay que señalar la posibilidad añadida de que, por acuerdo a nivel de empresa, se pueda producir el descuelgue del convenio de ámbito superior. En la reforma del 94 se estableció que fuera el convenio sectorial el que estableciera los requisitos para un descuelgue de las condiciones salariales pactadas. Ahora se posibilita hacerlo, por acuerdo, en el ámbito de la empresa, donde la intervención sindical será mucho más problemática. Esta desvinculación podrá ahora afectar a prácticamente todas las materias relevantes del convenio sectorial (horarios y distribución de la jornada, trabajo a turnos, sistemas de remuneración y sistemas de trabajo y rendimiento). Afortunadamente, el precedente de algunas sentencias del Tribunal Constitucional ha echado por tierra la idea del arbitraje obligatorio, que hubiera debilitado aún más la negociación colectiva.

El tercer bloque de la reforma afecta a las Empresas de Trabajo Temporal y a las Agencias de colocación. Se permite la actuación de ETT en sectores sensibles, tanto para la salud como para los principios que rigen las administraciones públicas, liberalizando por completo su actividad. Y se introduce el ánimo de lucro y, tal y como se ha hecho, la “selección adversa” de los trabajadores en la intermediación laboral: el que tenga menos posibilidades de colocación será rotundamente rechazado por estas empresas.

En suma, la reforma no va a eliminar la precariedad, la temporalidad y la segmentación del mercado de trabajo: las va a aumentar. En efecto, no es nada convincente que las medidas adoptadas sobre la contratación temporal vayan a reducir sensiblemente el porcentaje de temporalidad laboral en nuestro país. La segmentación se pretende “solucionar” haciendo a todos los trabajadores más precarios. En cinco años, el coste del despido de los fijos y de la finalización del contrato de los temporales será el mismo: 12 días. Y las diferencias para extinguir un contrato o para finalizarlo no serán muy grandes. Se llega, así, al “contrato único” por vía de aproximación.

Además, con la reforma se van a crear otras formas de segmentación. Al menos tres. La segmentación entre los viejos contratos indefinidos ordinarios (en torno al 60% del conjunto, y decreciendo por amortización de la figura) y los nuevos contratos indefinidos de fomento (en torno a un 40%; el ministro de trabajo ha hablado de 12 millones y de 8 millones, para diferenciar uno y otro colectivo). La segunda segmentación se producirá entre aquellas empresas que despiden poco y tienen poca temporalidad pero que cotizan para subvencionar el despido y el desempleo y aquellas otras que, cotizando lo mismo, despiden mucho y tienen alta temporalidad y generan, por tanto, más gasto en prestaciones por desempleo, aprovechándose del mayor esfuerzo de las primeras. Y, tercero, la segmentación entre los trabajadores “empleables”, intermediados por las agencias privadas, y los trabajadores “poco empleables”, gestionados por los servicios públicos de empleo.

La reforma tiene algunos aspectos positivos, como las ayudas al empleo de los jóvenes, y la implementación del llamado “modelo alemán”. Aunque en este caso, se tendría que haber adoptado antes y, en todo caso, tendrá menos efectos positivos que en Alemania. Por dos razones: por la propia estructura de nuestro modelo productivo, con un mayor número de empresas pequeñas; y, sobre todo, porque en Alemania es mucho más difícil despedir que en España y la cultura de las empresas es allí mucho más proclive a mantener el saber hacer de los trabajadores en las empresas. La reforma española no va precisamente a reforzar esos factores, sino que irá en sentido totalmente opuesto. Desde este punto de vista habría que preguntarse por la coherencia de una reforma que impulsa al mismo tiempo medidas que favorecen despedir más y medidas para reducir los despidos.

En fin, la reforma (mucho más si a ella sigue el rosario de reformas y ajustes a los que se ha comprometido Zapatero) tiene todos los ingredientes para un enorme desgaste político del Gobierno. Primero porque es muy dura, la más dura, en sí misma, de la democracia, sin contar con el hecho de que se añade a las anteriores. Además, porque es inverosímil, y muy desacreditable, que el Gobierno diga todo lo contrario de lo que ha dicho durante los últimos tres años. No es tampoco impensable que los mercados sigan acorralando a España por la enorme deuda privada que acumula, con lo que quedará al descubierto el nulo valor de la reforma como pararrayos contra el ataque de los especuladores. Así mismo, la recuperación del empleo va a tomar bastante tiempo, entre otras cosas gracias a las medidas de ajuste, lo que evidenciará la nula relación positiva – seguramente puede tener alguna negativa – entre la reforma y la reducción de las tasas de paro. A mayor abundamiento, no es en absoluto creíble esta repentina fe inquebrantable del Gobierno en las virtudes, la conveniencia y la urgencia de esta reforma. Si uno se cree los argumentos con que el Ejecutivo está defendiendo la reforma tiene que llegar, lógicamente, a la conclusión de que si hubiera sido el PP quien la hubiera realizado desde el Gobierno, el PSOE la estaría apoyando sin objeción ninguna desde la oposición. Conclusión que puede resultar demoledora para lo que los franceses llaman “el pueblo de izquierdas”. Finalmente, para sacar adelante la reforma, el Gobierno va a tener que conciliar con una oposición que puede, al mismo tiempo, exigir más, seguir desgastando al Gobierno y dejar que se consolide la nueva regulación con su opinión en contra, aunque con su absentismo o voto a favor. Un panorama, en suma, ruinoso

Publicado en Sistema Digital

25 junio 2010

El mercado de vivienda en 2010: demasiadas incógnitas para la recuperación

Julio Rodríguez López

El mercado de vivienda alcanzó en 2009 los niveles mínimos de la fase de recesión iniciada en 2007 en algunas variables representativas. En dicho ejercicio las ventas de viviendas registradas se situaron en torno a las 415.000, los precios descendieron en un 6,3% y las viviendas iniciadas retrocedieron hasta las 110.800. Una estimación del stock de viviendas de nueva construcción no vendidas situó dicha magnitud en el entorno de 1.049.000 a fin de año. El flujo de nuevos créditos destinados a la compra de viviendas descendió en 2009 un 16 por ciento. Dicha magnitud alcanzó un nivel de 73.154 millones de euros, según la encuesta de crédito del Banco de España.

La caída del empleo en 2009 (6,1 por ciento según la EPA, correspondiente a un retroceso de 1.211.000 puestos de trabajo), la persistencia de un flujo de concesión de nuevos créditos no del todo normalizado en el conjunto del año, y la realidad de unos precios de venta de las viviendas todavía elevados respecto del nivel de ingresos de los hogares fueron las principales variables explicativas del comportamiento negativo del mercado de vivienda. A pesar de dicha evolución, los niveles alcanzados por las principales magnitudes del mercado de vivienda estuvieron lejos de ser una magnitud intrascendente en la evolución de la economía española en el pasado ejercicio anual.

Los datos del mercado de vivienda correspondientes a los primeros meses de 2010 han señalado la presencia de una recuperación de las ventas de viviendas. Los descensos de precios han sido más moderados y han vuelto a retroceder las viviendas iniciadas. El continuado retroceso dela nueva construcción residencial ejerce una influencia negativa sobre el conjunto de la actividad productiva en España y contribuirá a reducir el amplio stock de viviendas de nueva construcción no vendidas.

Entre enero y abril de 2010 el total de compraventas registradas de viviendas, según el INE, creció en un 11,4 por ciento sobre el mismo periodo de 2009. Destacó el modesto aumento experimentado por las compraventas de viviendas de nueva construcción (3,3 por ciento) y el importante incremento de las ventas de viviendas usadas (21,1 por ciento). El papel desempeñado en la recuperación de las ventas por parte de las entidades de crédito ha debido ser decisivo. Es posible que una parte de las viviendas que el INE ha considerado como usadas corresponda a viviendas de nueva construcción que se vendieron a los bancos sin haber sido usadas.
De mantenerse en 2010 el ritmo de ventas del primer cuatrimestre, el total anual se situaría en el entorno de las 465.000. Los mayores aumentos interanuales correspondieron a Cataluña, Comunidad de Madrid y Navarra. Los precios de las viviendas descendieron en un 4,7 por ciento en el primer trimestre, según la estadística de tasaciones del Ministerio de Vivienda. El descenso sufrido en la recesión del mercado de vivienda entre el punto más elevado alcanzado por los precios y el nivel más reducido (pico-valle) fue del 16,6 por ciento según la estadística de precios de vivienda de Tinsa y del 11,2 por ciento según la estadística del Ministerio de Vivienda, muy por debajo de los sufridos en otros países que también registraron un auge importante del mercado de vivienda.

El gran retroceso de los tipos de interés y la recuperación de los flujos de nuevos créditos a comprador de vivienda han sido decisivos para explicar la moderada recuperación apuntada en las ventas de viviendas. Sin embargo, tales flujos crediticios han descendido después de marzo de 2010, a la vez que también han disminuido las ventas de viviendas sobre los niveles alcanzados al comienzo del año. El empleo ha seguido cayendo en 2010, aunque a un ritmo mucho más lento al de los ejercicios precedentes. La creación de nuevos hogares también se ha situado en el primer trimestre de 2010 en un nivel sustancialmente reducido, en torno a los 110.000 nuevos hogares al año, lo que sin duda afecta a la baja a la demanda de vivienda.

La persistencia del descenso de la construcción de nuevas viviendas en el primer trimestre de 2010 ha aproximado el volumen de las viviendas terminadas al de ventas de viviendas de nueva construcción. Ello indica que es posible que en 2010 se reduzca algo el nivel del stock de viviendas no vendidas de nueva construcción. Dicha magnitud tiene una clara influencia sobre la situación de las entidades de crédito españolas. El comportamiento definitivo del mercado de vivienda en España en 2010 dependerá sobre todo de la persistencia de un flujo normalizado de préstamos a comprador de vivienda y también evolucionará en línea con el comportamiento del empleo. Son, pues, demasiadas las incógnitas que subsisten como para considerar que la recuperación ha llegado de forma definitiva al mercado de vivienda en España en 2010.
Publicado en el Siglo